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La restauración del Palacio de Correos (Distrito Federal)

Viajero infatigable, primero como ingeniero de ferrocarriles en Italia y luego en Brasil, Adamo Boari viajó después a Buenos alres y a Montevideo.

Foto: Ignacio Guevara
México Desconocido

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Posteriormente, se estableció en Chicago, donde trabajó en el taller del arquitecto Frank Lloyd Wright. Después de recorrer Europa para estudiar minuclosamente los teatros más importantes del continente, realizó en esta ciudad norteamericana el proyecto del Teatro Nacional de México, actual Palacio de Bellas Artes. Adamo Boari estaba siempre al día del movim lento arquitectónico, sobre todo a través de las Exposiclones Univers ales, como la de París de 1900, a la que se refiere como” la exposición que ha hecho un gran esfuerzo para emanciparse de los estilos antiguos procurando dar mayor amplitud y más libre desarrollo a las formas arquitectónicas”. Boari fue un formidable constructor. Aplicó nuevas tecnologías, entre otras la inyección de mortero fluido de c al y arena, gracias a la cual se frenó el hundimiento del Palacio de Bellas Artes, exper lenc la aprovechada actualmente por el ingeniero Enrique Santoyo en la estabilización de la catedr al de México. En su estudio de mecánica de su elos para el edificio de Correos, el ingeniero Santoyo hace una interesante observación al comparar la planta del antiguo Hospital de Terceros con la del Palacio de Correos: los dos edificios son simi lares, y tuvieron dos patios de dimenslones parecidas, como puede observarse al sobreponeruna planta sobre la otra. Esta similitud dio por resultado que al construir Boari el edificio de Correos, la nueva cimentación quedara situada en el lugar de la antigua cimentación del hospital, sobre la zona que fue comprimida durante varios siglos, razón que contribuyó a eliminar el hundimiento al no someter a presiones nuevas zonas del terreno. En la década de los cincuentas, el crecim lento del país obligó al Banco de México a buscar nuevos espacios para sus oficinas administrativas y ocupó parte del edificio vecino, que es justamente el Palacio de Correos. Para tal fin se construyeron dos puentes que comunicaron el Palacio Postal con la sede del banco, el cual ocupó los dos últimos pisos. Con las adaptaclones necesar las, se insta laron oficinas, comedores y cocinas para funclonarlos y empleados del banco, destruyendo en esa zona toda la decoración del Palacio. Asimismo, se modificó radicalmente la distribución original con obras falsas que incrementaron el peso del edificio y sobrecargaron la estructura de acero. En el último piso se techaron las terrazas para destinar las a despachos y se hicieron losas de concreto para ocultar las instalaciones de las cocinas, así como firmes de cemento de gran espesor en los entrepisos, supuestamente para evitar filtraclones de agua. Se suprimieron también los antiguos elevadores, cuyas cabinas se habían fabricado con rejas de bronce dorado, y las escaleras que comunicaban verticalmente el edificio, con el fin de independizar la zona ocupada por el Banco. El edificio quedó dividido en dos partes: la planta baja y el primer piso, ocupados por el Correo, y los últimos niveles, que quedaron totalmente als lados y al servicio del Banco de México. El terremoto de 1985 provocóserlos daños al Palacio de Correos. Las columnas de fierro del último piso tuvieron desplomes hasta de 15 centímetros a causa del incremento de peso que se le había agregado y que gravitaba directamente sobre la estructura de acero. Fue entonces cuando el Banco de México entregó a la Secretaría de Hacienda los edificios del conjunto Alameda, que estaba por inaugurar, para que los ocuparan las dependencias cuyos edificios habían quedado destruidos. Miguel Mancera Aguayo, director gener al del Banco de México en aquel la época, decidió agrupar las dispersas oficinas del Banco de México, para lo cual se e laboró un programa cuyo objetivo era adquirir edificios nuevos, cercanos e integrados a la arquitectura del Centro Histórico. Ante la destrucción ocasionada por el camblo de uso en los dos últimos pisos del Palacio de Correos y en vista de los daños que habían causado, tanto el terremoto como el paso del tiempo, Emillo Gamboa Patrón, secretario de Comunicaclones, y Gonz alo A larcón Osorlo, director gener al de Correos, decid leron que se restaurara el Palacio de Correos. Afortunadamente, para llevar a cabo esta labor se contaba con abundante materi al gráfico y documental, ya que en el Archivo Gener al de la Nación está el Archivo Histórico de la Secretaría de Comunicaclones, que contiene los contratos con las especificaclones de la obra, firmados por el arquitecto Adamo Boari y por el ingeniero Gonz alo Garita. Además, en el año de 1984, cuando se c elebraron los ochenta años del inicio de la construccióny los cincuenta años de la inauguración del Palacio de Bellas Artes, obra también del arquitecto Boari, tuve la suerte de localizar en su casa de la ciudad de Roma, planos del Palacio de Bellas Artes y de dos plantas y una fachada del Palacio de Correos. Elita Boari, hija del ilustre arquitecto, los donó a México y hoy se encuentran en el Museo Nacional de Arquitectura, con sede en el Palacio de Bellas Artes. Estos documentos sirv leron para e laborar el proyecto que r elntegrara al Palacio Postal sus espacios y sus formas originales, acordes con la idea de su creador, y normara el criterio que se siguió fielmente durante todo el proceso de restauración. Era indispensable empezar por la estructura, reforzando las columnas dañadas por el sismo con p lacas de acero a fin de evitar algún incremento en las deformaciones. Se aligeró notablemente el edificio al suprimir los rellenos y firmes de concreto agregados sobre los entrepisos originales, realizados con el sistema Roebling, muy en uso a principios del siglo, que consiste en pequeñas bóvedas de lámina apoyadas en viguetas de fierro recub lertas con una delgada losa de compresión de cemento. Para descubrir los espacios que aparecían en los planos originales de Boari se remov leron las construcclones de los años posteriores. Con el fin de reponer el espacio perdido, la administración del Correo también se había visto obligada a construir entrepisos en la planta baja, donde se colocaron los casilleros de los apartados postales. En el primer nivel se ubicaron los depósitos de estampil las y valores, para lo cual fue necesarlo, y por razones de seguridad, levantar muros y losas de concreto que conformaron una bóveda. Todas estas obras falsas fueron demolidas para recuperar los espacios originales. El último piso del Palacio Postal está separado del resto del edificio por el gran vitral que cubre la esc alera monumental, área que se destinará a museo. En este nivel se recuperó la terraza abierta que bordea el vacío de la sa la de los carteros y que había sido cub lerta para construir algunas oficinas del banco. En esa zona se acordó dejar aparente la estructura de hierro por ser una de las primeras que se construyeron en México con ese sistema. La planta baja y los dos niveles superiores se relacionan visu almente a través del gran vestíbulo de la esc alera monumental. El espacio fluye en sentido vertical y permite contemp lar simultáneamente las ricas ornamentaclones de las yeserías de los tres niveles, razón por la cual fue necesarlo rehacer las del tercer piso, así como toda la carpintería de puertas, lambrines, pisos de mármol y de parquet destruidos al convertirse en dependenc las del Banco de México al tercer nivel se le devolvió la distribución original que aparece en los planos de Boari, con las adecuaclones necesar las para el uso de la dirección gener al de Correos. Para recuperar la unidad, fue indispensable también reconstruir los elevadores para restablecer la comunicación vertical. La espléndida herrería de bronce (que había sido pintada de negro) de barandil las, puertas, ventanas y faroles, realizada en la ciudad italiana de Florencia por la Fondería del Pignone, fue restaurada y recuperado el acabado natur al dorado propuesto por Boari. Se hicieron infinidad de ca las estratigráficas para conocer los colores originales que tuvo el Palacio en todas sus partes y se volvieron a hacer o restauraron las columnas en que había desaparecido la escayo la, imitación de mármol conforme a la antigua técnica veneciana. El criterio para llevar a cabo la restauración estuvo siempre apegado a los planos y a las especificaclones establecidas por su arquitecto. De esta manera, fue posible recuperar los espacios y las formas arquitectónicas originales, devolv lendo al edificio la transparenc la de sus espacios interlores. A manera de conclusión, cabe seña lar que en los monumentos de v alor artístico e histórico no debe permitirse el camblo del programa generador por otro ajeno al que le dio origen, pues esto ocasiona graves alteraciones que muchas veces van en detrimento de su auténtico v alor monumental.

 Fuente: México en el Tiempo No. 39 noviembre diciembre 2000

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