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Tres historias del desierto (Chihuahua-Coahuila)

Para empezar, seguimos los pasos de nuestro guía el paleontólogo mexicano Rubén Rodríguez, a través de estrechos senderos resguardados por las amenazantes puntas de la lechuguilla.

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Una abundante planta del desierto que los habitantes todavía usan para la elaboración de reatas, escobillas y otras artesanías de fibra natural. Pero regresemos a la vía que nos conducirá 75 millones de años en el pasado. Nos encontramos en una vereda de Rincón Colorado, en el estado de Coahuila; somos un grupo de cinco personas de Canal Once cargando a paso firme una buena cantidad de equipo. El termómetro indica 36°C a la sombra y después de una hora de caminata el calor cae como plomo.

Entre las cañadas se distingue un corte transversal en un cerro de mediana altura: un pequeño pasillo de piedra sobresale al ras del suelo y la piedra se torna ondulada como si hubiera sido peinada por las olas de una laguna. Enfrente, Rubén nos muestra siete huellas claramente estampadas en la piedra del suelo. Son las de un dinosaurio, un depredador de más de diez metros de altura, pariente cercano del T-Rex, aquel famoso carnívoro del periodo jurásico. Por un momento se nos olvidan el calor, los raspones de las lechuguillas y la sed. El suelo de este desierto nos cuenta una historia increíble.

Este paisaje desértico era hace 75 millones de años una laguna tropical donde un dinosaurio corría sobre el fondo somero posiblemente tras una presa. Los tres dedos de sus patas quedaron claramente marcados en el fondo lodoso y sus huellas trascendieron más de 70 millones de años de historia y ahora están a cinco centímetros de nuestros pies: las puedo ver con claridad por elviewfinderde mi cámara.

¡Quién iba a suponer que en un día y en tan sólo cuatro horas de carretera lograríamos transportarnos a los inicios de la vida en el planeta!, es decir, ¡a 3 500 millones de años!

LLEGAMOS A CUATROCIÉNAGAS

Un acuario en medio del desierto chihuahuense, una cuenca que contiene más de 200 pozas de agua semidulce de diferentes colores, temperaturas y composiciones químicas, algunas tan saladas que no sirven para la irrigación ni para abrevadero de los sedientos animales del desierto.

Preparamos los tanques de buceo y el equipo de filmación submarina. Pronto, todos desenfundan sus cámaras: Chepe, la delmaking off;Paty, las de foto fija; Beto, la Betacam digital; Daniel, su micrófono con pinta de depredador carnívoro y Abraham -nuestro guía del estado de Coahuila- su instantánea digital. Es una sensación extraña preparar instrumentos de buceo en medio del desierto, pero así es Cuatrociénagas, un sitio asombroso. Alistamos el equipo de filmación submarina para sumergirnos en las pozas azules, un lugar restringido al público. Para llegar hasta aquí obtuvimos permisos especiales de la Dirección del la Reserva de Fauna y Flora de Cuatrociénagas y de Pronatura Noroeste, responsable del cuidado de estas pozas.

#ADJUNTOIMAGEN02#El agua azul y cristalina de la superficie se torna turbia y con mucho sedimento a 12 m de profundidad. Subí con mi compañero y guía de buceo Rodrigo González en busca de mejor visibilidad. Muy cerca de la superficie la luz y la claridad del agua nos permitieron ver las espectaculares formaciones de estromatolitos, organismos milenarios parecidos a los corales que fueron parte fundamental de los mares primitivos de la tierra; los estromatolitos. son la unión de un alga y una bacteria que juntas logran liberar oxígeno. Hace 3 500 millones de años eran tan abundantes que ayudaron a formar la atmósfera terrestre y la capa de ozono que hoy nos protege de los mortales rayos ultravioletas provenientes del sol. Sin duda, bucear aquí es una de las experiencias más extraordinarias para cualquier naturalista, pues hoy en día es muy raro encontrar estromatolitos en el planeta y Cuatrociénagas es uno de estos lugares privilegiados.

Además de los estromatolitos, cada poza es un laboratorio viviente para los investigadores y un paraíso para los documentalistas de naturaleza. En las pozas hay mojarras y bagres endémicos, así como caracoles, camarones y diversas variedades de tortugas únicas de esta región, como la tortuga de bisagra y la de concha blanda.

Los hábitos de alimentación de cada especie pueden variar de una poza a otra. Por ejemplo: en una de ellas las mojarras se han adaptado a comer los diminutos caracoles del cieno subacuático. El proceso es muy vistoso para la cámara. Se lanzan al fondo cenagoso y desaparecen bajo una nube de Iodo, ingieren una buena cantidad de caracoles diminutos, los trituran con sus dientes, toman la materia nutritiva y expulsan los desechos por la boca. En otra poza, las mojarras se alimentan de pequeñas sardinas también endémicas.

HACIA EL VALLE Y EL DESIERTO

De regreso en el tiempo fuimos a Narihua, una suerte de museo natural, un extenso valle donde miles de piedras fueron grabadas por los antiguos habitantes nómadas, cazadores y recolectores del desierto. Los grupos que tallaron estas piedras son muy variados y vivieron desde alrededor de 1500 años a.C. hasta 1500 de nuestra era.

En Coahuila no hay pirámides, en cambio, existen vestigios arqueológicos de culturas nómadas de las que sabemos muy poco. A su paso por el desierto estos grupos no dejaron una herencia literaria, ni siquiera oral, sólo petrograbados con formas de animales, soles, lluvia y figuras mágicas, muchos de los cuales representan círculos y espirales. Las uniones de estos círculos pueden significar las uniones de personas, familias e incluso tribus, según explicó Mauricio Sánchez, nuestro guía en este lugar.

El desierto de Chihuahua no deja de sorprendernos. Es extremadamente caluroso en verano, muy árido, y sin embargo contiene una enorme biodiversidad. Desde los enormes sahuaros de más de seis metros de altura hasta plantas muy pequeñas aferradas a la vida en una piedra de cinco centímetros. En la cima de las montañas habitan los osos negros y en las dunas de yeso diminutos escarabajos capturan la humedad del ambiente con su caparazón. Las lagartijas camaleón son capaces de cerrar la boca y ojos de tal manera que pueden soportar la tormenta de arena más despiadada sin ingerir la más pequeña partícula de polvo.

Aún es más sorprendente imaginar que esta región era hace 75 millones de años una laguna costera tropical y que cualquier animal podría ser sorprendido por el ataque de un enorme dinosaurio carnívoro de más de seis metros de altura. Todo ello lo pudimos constatar con nuestras cámaras. Sobre el suelo del desierto chihuahuense hay huellas de un pasado muy lejano, que apenas hoy estamos comprendiendo.

Fuente: México desconocido No. 323 / enero 2004

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