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El Día de Muertos en Jarácuaro, Arocutín y Cuanajo, Michoacán

Por: Alfredo Martínez Fernández

Uno de nuestros expertos se lanzó a territorio purépecha para registrar cómo se viven aquellos instantes “en que los difuntos regresan” en tres diferentes poblaciones de los alrededores del Lago de Pátzcuaro.

En todo México se celebra la fiesta de Día de Muertos y uno de los lugares de mayor tradición es Michoacán, donde el ritual de la velación se lleva a cabo por los pueblos purépechas que rodean el lago de Pátzcuaro y la isla de Janitzio. Ya se han publicado muchos reportajes de esta zona, pero lo que más sorprende es que siempre es posible descubrir algo nuevo, además de disfrutar numerosos eventos culturales como el Concurso Estatal de Artesanías, conciertos al aire libre y en edificios históricos (la noche del 1 de noviembre, en la Basílica de Pátzcuaro se presentan piezas musicales alusivas a la muerte, por ejemplo), obras de teatro en escenarios naturales (Don Juan Tenorio en la Capilla Abierta del Convento Franciscano de Tzintzuntzan, la noche del 1 de noviembre), instalación de ofrendas y concursos en espacios públicos, y presentación de juegos prehispánicos de pelota encendida (uarhukua).

Una ruta mortuoria muy alegre

Jarácuaro. Antes una isla, actualmente está unida a tierra firme con un puente vehícular, por lo que es de fácil acceso. Llegué de noche directo al templo de San Pedro y a la capilla de la Natividad, ambas del siglo XVI, y estaban adornadas con un gran arco de flores, fuera de ellas se colocaron numerosas ofrendas donde la gente se sentó a rezar. A un lado se acomodan puestos de comida donde venden ponche y tamales, y del otro lado se instala el escenario, donde se lleva a cabo la Danza de los Viejitos (T’arche Uarakua), frente a un gran número de espectadores. Ésta forma parte de las danzas huehues.

Los danzantes se visten con el traje tradicional de los campesinos de la región con camisa y pantalón de manta con finos bordados en la parte inferior, también llevan un jorongo, sombrero adornado con listones y una máscara hecha de pasta de caña de maíz, madera o barro, la cual está tallada con gestos sonrientes de ancianos desdentados, de piel rozagante y sonrosada.

Inicia con movimientos achacosos y encorvados y cuando la música aumenta de ritmo, los viejitos transforman sus movimientos en una verdadera explosión de vigor y agilidad, realizando estruendosos zapateados y brincos que contrastan con ataques de tos y temblores que provocan caídas y jocosos intentos de sus compañeros por revivir al afectado.

Arócutin. Después de divertirme con esa grandiosa danza, y al filo de la medianoche, me fui a conocer este poblado localizado a 7 km de Pátzcuaro.

En el centro del pueblo está el templo de Nuestra Señora de la Natividad, el cual data de finales del siglo XVI y tiene la peculiaridad, que dentro del perímetro bardeado, se localiza el panteón, justo enfrente de la iglesia. Afuera de ésta, el 31 de octubre se coloca un gran arco de flores con forma de iglesia iniciando así los festejos de Día de Muertos. Cuando llegamos, no podía creer lo que estaba viendo, ¡todo el panteón era color naranja! Totalmente cubierto de flores de cempasúchil y velas que cada familia había llevado a sus difuntos, además acompañaban sus ofrendas con música, rezando y muchos más guardando silencio. Era un espectáculo conmovedor en el que el olor a incienso perfumaba la noche michoacana.

Durante el día pudimos conocer y comprar artesanías típicas, como bordados de punto de cruz, deshilados, figuras de madera y utensilios de barro.

Cuanajo. Al día siguiente, aún desvelado, pero con ganas de seguir conociendo y fotografiando, me fui al poblado de Cuanajo, localizado a 14 km de Pátzcuaro. Es muy conocido por sus muebles artesanales y para el Día de Muertos conservan una tradición muy especial, la cual consiste en hacer unos caballitos de madera en los que se “montan” las ofrendas. Antes de ver esto, fuimos al panteón ubicado al pie de las montañas. Estaba muy concurrido, la gente visitaba a sus difuntos llevándoles flores y música; por aquí y por allá se escuchaban corridos norteños. Durante la tarde comencé a visitar las casas, en donde sus habitantes muy amablemente me invitaban a pasar para que conociera sus altares conocidos en la región como ketzitakua (ofrendar). Son especiales ya que son únicamente para quienes murieron durante el año en curso. Se realiza para adultos o para “angelitos”, en días diferentes, como sucede en el caso de la ceremonia más conocida de Michoacán, la Velación. La mayor parte de los pueblos que la realizan, lo hacen el 1 de noviembre.

Así, tuve la oportunidad de visitar la casa de Bertha Vázquez, quien había preparado la ofrenda en honor a su mamá, doña Petra Andrés Santana. Toda la familia participa en el festejo: los hombres cortan la carne, mientras las mujeres cocinan y preparan los tamales y atole para los invitados. La familia del difunto dispone de un lugar para recibir las ofrendas que les llevan durante todo el día y toda la noche. Se trata de un caballo de madera sobre cuyo lomo se montan flores, velas, panes, frutas, hortalizas y otros elementos que conforman la ofrenda. Las figuras del pan de muerto son femeninas y masculinas. Unas se distinguen por su corte ovalado que trata de imitar una falda, mientras que las otras muestran un corte vertical a manera de pantalones. Los invitados comienzan a llegar a partir de las 16:00 horas y hasta la media noche. Antes de entrar, anuncian su llegada tronando un cuete e ingresan a la casa cargando el caballito y lo colocan frente al altar, en donde rezan y cantan unas alabanzas. La familia ofrece tamales y atole de diferentes sabores: guayaba, tamarindo, pinole, piña, leche con canela. Después de cenar, familiares e invitados disfrutan tranquilamente de una copa de aguardiente.

Recuerdos y testimonios

Recabando información sobre esta tradición, encontré algunos testimonios en el pueblo, como el de María Isabel, quien me contó que es muy antigua. “Mi abuelita tiene 103 años y recuerda que ya se ponían caballos desde entonces, aunque las flores que se utilizaban no eran de vivero, ni cempasúchil grande como los de ahora, sino otras flores amarillas silvestres de la región”. “Yo creo que el caballo se pone porque se habla de que los muertos viajan en él para llegar acá”, dijo por su parte la señora Guadalupe Mendoza.

Estuve muy contento en casa de doña Bertha compartiendo esta importante fecha para ella y su familia. Durante la noche fueron llegando más y más caballitos, el patio se llenó por completo y la familia estaba muy contenta y yo creo que especialmente el alma del difunto, al ver a toda esta gente reunida para recordarle…

Dónde dormir

Cabañas San José
Pátzcuaro, Michoacán.
Tel. 01 (800) 832 3504.
www.lotengo.com.mx

La Mansión de los Sueños
Ibarra No. 15, Centro, Pátzcuaro, Michoacán.
Tel. 01 434 3425 5708.
www.mansiondelossuenos.com

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