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De Ciudad Juárez a Parral, Chihuahua. 2a Parte. Ahí vienen los villistas

Por: Jaime Bali

Cuando tomamos la ruta que lleva a la capital del estado recordé que la noche anterior, una noche sin luna, fue posible en Paquimé, desde la azote del Museo de las Culturas del Norte, apreciar las estrellas en toda su magnitud. Prácticamente la Vía Láctea formaba sobre nosotros un caparazón indescriptible.

Mayté Luján que nos había invitado a subir, nos dijo en aquel momento: “no quería que se fueran sin esta sensación, sin este privilegio”. Aun cuando Paquimé no se encuentra en una colina, sus habitantes opriginales estaban en medio del desierto y sin ninguna luz cercana, seguramente cuando apagaban la última fogata podían tener como referente las estrellas, la Nebulosa de Orión, la de Andrómeda o las Osas, la mayor y la menor. El cielo despejado les permitió usar las estrellas para guiarse en medio de la noche, cuando recorrían las llanuras de lo que es hoyel territorio chihuahuense.

No teníamos ya más que el recuerdo de Paquimé a la espalda y enfilamos con rumbo a Parral para estar a tiempo y observar la llegada de los jinetes que participarían el 19 de julioen la toma de la ciudad, durante el desarrollo de las jornadas villistas.

LA CARRETERA PANAMERICANA

Estamo a punto de llegar al entronque con la Carretera Panamericana, que los chihuahuenses en su proclividad por lo grandioso suelen decir: “no lo va usted a creer mi amigo, pero esta carretera une a Nueva York con Buenos Aires”. Ellos, como otros grupos humanos, piensan que el centro del mundo está aquí, muy cerca de la región del silencio y uno, en esos momentos tan cruciales no se atrevería a sostener lo contrario.

Así seguimos a Galeana, Flores Magón, Ojo Laguna, Mariquipa, Santa Cruz de Villegas y, ya muy próxima está Parral, donde Francisco Villa dijo alguna vez: “¿sabe qué compadre?, este pueblo siempre me gustó hasta para morirme”.

EL ANECDOTARIO

Pablo nunca había estado en Parral, y aproveché la larga tirada del camino para contarle historias relacionadas con lo que vería después, la mayoría de los relatos forman parte de las crónicas parralenses, narradas ahora por los historiadores con la objetividad que les caracteriza. Así que le hablé de don Pedro de Alvarado, y después Pablo haría unas tomas de su casa, hoy convertida en monumento histórico. A decir de mi abuela Beatriz Baca, don Pedro, como se le denominaba en aquella época, era un gambusino que buscaba oro y la útlima vez que salió apenas y pudo conseguir el crédito para equipar su expidición. Incluso ella escuchó a un empleado de la casa Tallforth decirle a don Pedro “esta es la última vez que le prestamos”.

Cu’al sería la sorpresa de los parralenses cuando se enteraron de que don Pedro había encoentrado una mina de donde extrajo mineral para acumular una fortuna con la que construyó el Palacio de Alvarado y otro donde nació la heroína de Parral, quien ayudada por estudiantes expulsó a un contingente de tropa que integraba la expedición punitiva que cruzó la frontera mexicana en busca de Villa. Habría entonces la oportunidad de tener la foto de la casa de los Griensen y también de la casa Stallforth, la misma donde don Pedro se abasteció para salir a la búsqueda de minerales.

LA PRIETA

En medio del relato entramos a Parral, y a poco de rodar por las calles avistamos el cerro donde están los talleres de La Prieta y el malacate para bajara a la mina, la misma que le dio a la ciudad la posibilidad de convertirse en un emporio minero a lo largo de muchos años. Hoy es parte de un tour, los visitantes pueden bajar a uno de los 22 niveles, Y buena parte de esos niveles está inundados por el agua que subió cuando las bombas dejaron de extraerla.

Es la misma mina que hacía ulular la sirena con los cambios de turno y que inquietó a mi madre Beatriz Wuest Baca en su infancia, cuando la sieran se escuchaba a destiempo indicando un accidente, y provocaba que los familiares de los mineros se arremolinaran frente a la mina para saber lo que había ocurrido.

EN ESPERA DE LA CABALGATA

Ya estábamos en Parral, y ahora sólo faltaba esperar una noche para disfrutar del espectáculo programado para el día 19 de julio a las 10 de la mañana, precisamente en la víspera de la muerte de Francisco Villa, ocurrida el 20 de julio de 1924. Mientras tanto, Pablo aprovechó la tarde para hacer algunas tomas de La Prieta. Al amanecer del día siguiente salimos en busca de los primeros rayos del sol, el momento que buscan todos los fotográfos para hacer las mejores tomas de La Prieta.

Al amanecer del día siguiente salimos en busca de los primeros rayos del sol, el momento que buscan todos los fotógrafos para hacer las mejores tomas. Cruzamos la ciudad caminando por la calle Mercaderes hasta salir a la plaza Guillermo Baca, y por esa ruta nos asomamos al lecho del río para observar un puente de cal y canto sobre el cauce de un río que caracoleay recorre la ciudad palmo a palmo. Muchas veces en el pasado, la inundó hasta que las represas terminaron con su ímpetu.

Después de esa jornada mañanera y de un sabroso desayuno acompañado de gorditas, nos fuimos para la estación de ferrocarril a esperar la llegada de los villistas. Nos dicen que están todavía en Maturana y pensábamos salir en esa dirección, pero en ese momento la gente empezó a gritar: “ya vienen”. Un reportero de un diario local nos mostró su cámara de mil batallas, se trataba de José Guadalupe Gómez, quien nos comentó el acontecimiento, se mostró feliz de que Pablo y yo estuviéramos cubriendo el evento y se aprestó a esperar a los Villistas junto con nosotros.

EL ARRIBO ESPECTACULAR

El despliegue lo encabeza una máquina de vapor, la misma que junto con otras nueve perteneció a un aserradero en El Salto, Durango. Se trata de una máquina de tres mil litros, de la cual su maquinista, Gilberto Rodríguez, me explicó poco después las carácterísticas de esa joya construida en 1914, que desafiando el paso de los días y los años entró en pleno siglo XXI para tomar la ciudad respaldada por los jinetes que habían recorrido en varias etapas cerca de 240 km desde la capital del estado. Su contingente creció durante el recorrido y en Maturana se les unieron otros 600 jinetes provenientes de las rancherías y pueblos cercanos a Parral. Villa, el controvertido personaje, estaba presente en el ánimo popular; miles de personas se aglomeraron en las inmediaciones de la estación para dar con gran alborozo la bienvenida a los Villistas y sus Adelitas, casi un siglo después de que los Dorados hicieran de esta región su territorio.

Con extraordinaria naturalidad centenares de jinetes, por no decirmiles, entraron a Parral como en los viejos tiempos, mostrando no sólo un enorme gusto de hacerla, sino también una gran fortaleza. jinetes y caballos podrían competir con los mejores charros del Bajío, se trata de los Dorados de Villa, que siguen ahí a pesar de los años, sobreponiéndose a los embates de la modernidad, con tal de reivindicar las hazañas del famoso guerrillero y mantener viva su leyenda.

LA ALGARABÍA POPULAR SORPRENDE

Las mujeres corren para acercarse y admirar a los hombres que montan, elegantes y aguerridos, animales que ya dan muestras de cansancio debido a la larga jornada bajo un sol abrasador. El pueblo es dueño de la estación. Hollywood recibé esa mañana una rección espontánea de una puesta en escena que bien podrían envidiar algunos reconocidos directores.

Al día siguiente la gente se dio cita en el lugar donde asesinaron al Centauro del Norte, pero preferí no estar, y me conformé con lo que me contó mi madre, que por pura casualidad estuvo donde ocurrieron los hechos aquella mañana del 20 de julio, cuando caminaba en dirección a la escuela, siendo de las primeras personas que se acercaron al carro donde Villa, Trillo y otros personajes quedaron muertos. De los asesinos ya nadie se acuerda, hoy está reunido en Parral el pueblo entero.

RUMBO A VALLE DE ALLENDE

Esa misma mañana salimos con rumbo a Valle de Allende, considerado uno de los primeros asentamientos en lo que fue la provincia de la Nueva Vizcaya. Las huertas de la región son extraordinarias, los nogales han alcanzado ahí una altura excepcional.

En el Valle se produce una de las nueces mejor cotizadas por el porcentaje de aceite que contiene; me sorprendió saber que se cultivan 26 variedades de pera. Además de la vegetación natural de la región hay también otras especies resultado del cultivo y el cuidado esmerado de muchas generaciones, desde que los franciscanos introdujeron el sistema de riego en el valle. Nogal, persimon, durazno, chabacano, ciruelo, membrillo, granada, higuera y naranjo son los nombres de los árboles frutales que florecen en este lugar cercano al paraíso. Llevados por la curiosidad recorrimos los huertos regados con agua cristalina, el ambiente no puede ser mejor, la sensación de bienestar invadió nuestra mente.

EN CASA DE RITA SOTO

Podríamos haber seguido indefinidamente en ese paraje creado por la mano del hombre, pero antes de retirarnos teníamos que saludar a Rita Soto, cronista de Valle de Allende, la visita a su casa es obligada, que también funciona como casa de huéspedes. Llegamos cuando el fresco podía disfrutarse en los pasillos que rodean un patio sembrado de naranjos. Rita es un personaje que conoce la historia de la región y de su gente al dedillo; antropólogos e historiadores de renombre la han visitado para informarse acerca de los secretos y conocer las pistas que les dejen acercarse a los enigmas de una región cargada de leyendas y personajes paradigmáticos. Sin duda, es una gran promotora cultural que instruye a las nuevas generaciones sobre la historia y la geografía del sur de Chihuahua.

Colectora de anécdotas, Rita Soto cuenta historias interesantes que incluyen desde luego la del encuentro doloroso de su padre con Francisco Villa que terminó en un reconocimiento escrito de este último, que ella conserva del puño y letra del general. Además de todo, Rita es una excelente promotora turística que ayuda a los visitantes a orientarse sobre la oferta recreativa que existe en el valle. Así, usted además de visitar la ciudad, su plaza, los monumentos religiosos y civiles, las casas del siglo XVIII y XIX, el sistema de riego puesto en práctica por los franciscanos en la época de la colonia, también puede visitar los antiguos cascos de las haciendas y distintos lugares históricos, entre éstos, el sitio dondefueron depositadas las cabezas de Hidalgo y de otros insurgentes en su traslado a la Alhóndiga de Granaditas; la casa donde pernoctó Juárez a su paso por este lugar durante la intervención francesa, y algunas casas donde se hospedó el general Villa.

UN SITIO PARA TODOS

También, se puede disfrutar de los balnearios Ojo de Talamantes y el Trébol. Asimismo, visitar el río y las huertas. Lugar ideal para vacacionar y descansar, Valle de Allende ofrece servicios de hospedaje y alimentación. Además, es posible pernoctar en casas particulares que reciben huéspedes y ofrecen magníficas condiciones.

Llegamos así al término del recorrido que nos dejó por cierto muy buen sabor de boca, gracias a la experiencia gastronómica en Casas Grandes, donde disfrutamos de la carne asada, de las quesadillas y de los burritos; en Parral, de las famosas gorditas, y en Valle de Allende de las frutas cristalizadas y el dulce de leche que hace sonrojar a los de Coahuila. Los burritos son, sin duda, los mejores en todo el norte, aunque no tengan ese reconocimiento.

Finalmente, para confirmar lo que dice la letra del corrido de Chihuahua nuestro experimentado guía hizo una parada sorpresiva en Villa Ahumada. Sobre el costado derecho de la carretera con dirección a la capital del estado una hilera de comales esperan al viajero con las mejores quesadillas del mundo. Villa Ahumada fue, sin duda, un cierre con broche de oro. Con este viaje a Chihuahua confirmamos, otra vez, que no sólo es el "estado grande", "el hermano mayor", sino que también se trata deun lugar con innumerables e insospechados atractivos.

A los viajeros expedicionarios y amantes de la aventura les esperan las Barrancas del Cobre y sus cascadas; a los deportistas interesados en los retos de resistencia, velocidad y emoción, las dunas de Samalayuca; para los interesados en sistemas productivos de éxito están Nuevo Casas Grandes y Valle de Allende; para los aprendices de la historia y la antropo- logía, las comunidades tarahumaras de la Sierra, así como las misiones jesuitas y franciscanas; para los colectores de recuerdos y anécdotas, Parral; y para los del otro lado de la frontera, Ciudad Juárez y todo el territorio chihuahuense.

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