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Selva Lacandona: el lugar de la Estación Científica Chajul

La estación Chajul, ubicada en la Selva Lacandona en Chiapas, da refugio a científicos que estudian la biodiversidad de México. ¡Conoce más sobre este lugar!

Selvas tropicales como la Selva Lacandona en Chiapas, rebosan de vida las 24 horas del día. Por ello, existen lugares como la Estación Científica Chajul que resguarda e investiga la biodiversidad de México. Mientras hay sol en la selva de Chiapas, cerca de 800 especies de mariposas iluminan el ambiente con sus brillantes colores, los cantos de las aves resuenan entre la tupida vegetación, y no muy lejos se escuchan los gritos del mono aullador; con la llegada del crepúsculo, las sombras envuelven la región y los ruidos cambian: los insectos producen nuevos sonidos y en el suelo se escucha el crujido de la hojarasca cuando algún pequeño mamífero pisa sobre ella. El clima lacandón es cálido durante casi todo el año, aunque no todos los días son soleados, pues hay temporadas en que el cielo se torna gris y las lloviznas refrescan el ambiente. Con mayor frecuencia llegan los aguaceros que, en poco tiempo, desbordan arroyos y ríos con agua café amarillenta, la cual algunas veces rodea las construcciones y cubre los cimientos de la estación Chajul.

Las actividades se reducen en la Estación Científica Chajul estos días, y las fotoceldas solares instaladas para captar el sol hace más de seis años por SEDESOL, deben esperar a que éste vuelva a brillar. A escasos 20 m de ésta empieza una cerrada pared vegetal, cruzada sólo por estrechas veredas que conducen a bellos paisajes formados por impresionantes árboles hasta de 50 m de altura, rodeados por otros de menor talla, que casi impiden el paso de la luz solar. En los estratos inferiores hay palmas, retorcidas trepadoras, orquídeas, bromelias y hierbas, sin faltar las especies raras como la Lacandonia schisomatica, una planta rara recientemente descubierta en Chiapas por el botánico Esteban Martínez, evidencia de que en la Selva Lacandona se encuentra una gran parte de la biodiversidad de México y por ello, existe un potencial desconocido para la ciencia y la investigación científica en México.

La estación Chajul y sus orígenes

Corría el año 1979 cuando un grupo de biólogos que realizaba una expedición en el sur de la Selva Lacandona en Chiapas, impactado por su exuberancia de flora y fauna, se percata de la necesidad de conservar este complejo mundo natural. Es así como nace el Proyecto Chajul bajo la iniciativa particular del biólogo Javier de la Maza, quien durante años ha promovido la protección y el conocimiento de la fauna y la flora de la Selva Lacandona. De esta manera frente a los límites de la Reserva de la Biósfera Montes Azules, pero en el ejido Chajul, se limpió un espacio junto al río Lacantún para construir una casa de madera que funcionara como base en el área; con ello se inicia el proceso de conservación de esta emblemática selva de Chiapas mediante la investigación científica, y se contrata a gente de la localidad para apoyar el trabajo de campo de diversos proyectos; poco a poco, los pobladores de Chajul empiezan a participar activamente, y en 1981 se realiza un programa con visitas de científicos y observadores de la naturaleza. En estas tierras la colonización moderna es reciente. En aquella época, el ejido Chajul contaba sólo con 80 personas, y en 1983 la población aumenta a 120 debido a la incorporación de algunos refugiados guatemaltecos, cuando llegaron masivamente (más de 2,000) y se asentaron en la zona.

Ahí permanecieron año y medio, con el consecuente impacto social y ambiental: cambia la dinámica cotidiana y hasta los cayucos de madera son sustituidos por lanchas de motor. El conflicto afecta el proceso de conjunción entre investigadores y habitantes locales, por lo que se decide construir la estación en tierras de la reserva Montes Azules, junto al río Lacantún, para lo cual se traen edificios prefabricados de material perenne, que resisten las condiciones de la Selva Lacandona. Después de una década, perduran las tres casas destinadas a los investigadores, la casa grande en donde se ubica la dirección y los demás edificios para los laboratorios y la bodega, así como los dormitorios para los visitantes que llegan en varias épocas del año. El mantenimiento de la estación Chajul está a cargo de nueve empleados procedentes de Chajul y Loma Bonita.  El objetivo inicial fue consolidar la presencia de la estación en la reserva y lograr que el gobierno federal participara, lo cual se logró en 1984 con la construcción de cinco casetas de vigilancia patrocinadas por la Sedue. No obstante, en 1985 la estación Chajul queda inactiva y de 1986 a 1988 es abandonada; la hierba crece hasta los techos y para reutilizarla en mayo de 1989 se limpia y rescata. La fundación MacArtur apoya entonces varios proyectos, a partir de lo cual llegan algunos investigadores del Instituto de Ecología UNAM y de Conservación Internacional, quienes desde entonces trabajan en la selva de Chiapas. Actualmente, la estación sirve de base para desarrollar un promedio de diez proyectos de investigación científica en México por año, al tiempo que promueve la difusión ecológica e imparte diversos cursos de capacitación; asimismo, es visitada por niños de las escuelas cercanas.

Hoy en día, la participación de los ejidatarios de Chajul es constante; algunos de ellos sirven de guías y aprenden con los investigadores, y aproximadamente un 30% participa en los proyectos entomológicos y ha reservado 200 hectáreas ejidales para la reproducción de mariposas. En este criadero extensivo en su entorno natural, los ejidatarios realizan el manejo de las especies que comercializan como artesanías, ejemplares secos y para mariposarios, en los mercados nacional e internacional. El interés ha hecho que aquellos tienen zonas desmontadas cambien sus predios por tierras en la selva mejor conservada del interior. Actualmente, el personal de SEMARNAP, de Conservación Internacional y del Instituto de Ecología UNAM, se coordina para desarrollar proyectos alternativos, fortalecer las actividades productivas básicas (producción agrícola de arroz, maíz, chile y frijol), así como proporcionar orientación sobre el valor agregado de los productos; por otro lado, las actividades de ecoturismo están en compás de espera debido a la problemática actual en el estado.

Biodiversidad de México y medidas proteccionistas

La Selva Lacandona está repleta de enormes árboles que parecen estar allí desde siempre y es muestra de la extraordinaria biodiversidad de México. En esta selva de Chiapas el concepto de biodiversidad o diversidad biológica adquiere su máxima expresión: el término que engloba a todo lo viviente (animales, plantas y microorganismos), incluye también los ecosistemas y procesos ecológicos que los integran. La selva de Chiapas es la última porción de selva tropical de extensión considerable que aún queda en México, pero a pesar de todos los planes y programas, el asedio a la Selva Lacandona no ha cesado y cada día parece más intenso e incontrolable; éste puede apreciarse de manera dramática en los límites entre México y Guatemala, donde la perturbación que muestra la selva en el lado mexicano es enorme, en contraste con el verde impenetrable del lado vecino.

Al adentrarse en esta exuberante vegetación se percibe una sutil diferencia con otras selvas húmedas de México, debido a la alta biodiversidad que presenta. Como en cualquier selva tropical, hay árboles, lianas, orquídeas, palmas y helechos, pero aquí, hasta donde alcanza nuestra vista, difícilmente existen dos ejemplares de la misma especie; también la fauna de la Selva Lacandona es más diversa: 300 especies de aves, 112 vertebrados terrestres, miles de insectos y unas 800 especies de mariposas distintas registradas, ocupan todo el espacio disponible. Aunada a esta impresionante diversidad biológica y a la enorme importancia ecológica, encontramos la riqueza cultural de los mayas, representada por los vestigios arqueológicos de ciudades como Bonampak y Yaxchilán, al igual que por la presencia de diversos grupos étnicos, como es el caso de los lacandones que poseen el conocimiento tradicional del uso sostenible de los recursos de estas selvas.

La explotación de las maderas finas empieza poco después de mediados del siglo pasado, y desde entonces las riberas de los ríos Lacantún, Usumacinta y La Pasión tuvieron monterías y la selva comenzó a ser depredada como lo sigue siendo ahora. Al concluir el siglo XIX, casi todas las tierras bañadas por ríos capaces de llevar a flote los troncos estuvieron en manos de compañías particulares para explotar la caoba; tal es el caso del noble español Marqués de Comillas, quien en la primera década del siglo xx era dueño de la región donde hoy se encuentra la Estación Chajul. A partir de 1945 cayó en receso irreversible la explotación maderera, y cuatro años después se prohíbe la exportación de madera en rollo, lo cual puso fin a este lucrativo negocio de aproximadamente 100 años. Poco a poco, la Selva Lacandona en Chiapas volvió a ser tierra virgen, aunque mutilada por el saqueo parcial de su riqueza forestal, y de nuevo la inmensidad selvática fue entorno exclusivo de medio millar de lacandones. Pero la calma en la selva de Chiapas fue temporal, porque desde los años sesenta tratan de convertirla en tierra nacional para su colonización; los ganaderos, campesinos y monteros con moderna maquinaria intensifican la penetración por el norte y abren nuevos frentes hasta zonas antaño inaccesibles; asimismo llegan muchos indígenas que dejan sus pueblos por falta de tierra cultivable o por maltrato en las grandes haciendas.

En 1967 se promueve una colonización dirigida en las selvas del sur de la Lancandona y se crean nuevos centros de población, especialmente en la antigua propiedad del Marqués de Comillas. Posteriormente, en 1978 se crea la Reserva de la Biósfera Montes Azules con una superficie de 331,200 hectáreas, en un nuevo intento por proteger el núcleo de esta selva de México contra el insensible destrozo y saqueo. Los principales factores de destrucción siguen avanzando y una extraordinaria variedad de fauna y flora de la Selva Lacandona se pierde irremediablemente antes de que pueda ser conocida a través de la investigación científica. Así, en la medida en que aumentan los humanos, disminuyen los árboles. Debemos conservar este patrimonio de la humanidad que se equipara a cualquier región del Amazonas en cuanto a biodiversidad; es vital rescatar la superficie forestal, perdida hoy y convertida en terrenos estériles, porque la selva posee un alto potencial para la vida silvestre, produce oxígeno, retiene el agua, aporta nutrientes y contrarresta el calentamiento global del planeta. Sin embargo, para lograrlo se necesitan ya soluciones rápidas y adecuadas, con apoyo científico y técnico, y sobre todo con decisión política.

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