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Horno 3, la Torre Eiffel regiomontana

En Monterrey, dentro del Parque Fundidora, a más de 70 metros de altura hay lugar lleno de luz y color que evoca la estructura de hierro parisina.

26-09-2017, 1:30:27 PM

No cabe duda que nadie hubiese imaginado que los afanes de un pueblo por la sobrevivencia en un medio ambiente hostil como el de Monterrey y los páramos calcinantes que lo rodean tendrían el futuro industrializado que hoy conocemos. Esta dolorosa gesta ocupa los principales renglones de la historia de la entidad. Esta vocación de perseverancia tiene hoy en el Parque Fundidora uno de sus principales símbolos, y en el Horno número III uno de los hitos de la ciudad, y es que se trata de una portentosa estructura de acero que es visible prácticamente desde cualquier punto de la ciudad, como el Cerro de la Silla, algo que recuerda siempre al Nuevo León industrial.

La Fundidora de Hierro y Acero inició con el siglo XX (1900) y junto con la Cervecería Cuauhtémoc (1890) fueron los principales detonantes del milagro regiomontano, pero a partir de la quiebra de la fundidora en 1986 y a raíz de las graves crisis financieras y devaluaciones del peso en 1976 y 1982, se iniciaron las gestiones y trabajos para convertir la planta industrial en el Parque Fundidora que se inauguró en 1988, y años después, el Horno III y otras estructuras de este lugar fueron declaradas Museo de Sitio de Arqueología Industrial.

Hoy el parque, que siguió creciendo todos estos años, cuenta con varios espacios culturales y de esparcimiento, como lo son: el Centro de Convenciones ( CINTERMEX ), el Parque De Beisbol Infantil, la Arena Monterrey, un hotel 5 estrellas, la Fototeca, el Centro de las Artes, el Archivo Histórico Fundidora, un Teatro al aire libre, la Pista de Hielo, y el que es sin duda uno de sus espacios más visitados desde que fue inaugurado en el año 2007: el Centro Interactivo de Ciencia y Tecnología que habita precisamente en el Horno III, aquí se encuentran la Galería del Acero, la Galería de la Historia, y los imperdibles paseos por la cima del horno, por lo más alto de las fabulosas estructuras teratológicas y mastodónticas de acero que regalan vistas portentosas de toda la ciudad, una aventura emocionante sobre un enorme dinosaurio metálico que es una apología o quizá también una celebración del genio, de la inspiración, de la tenacidad, y de la voluntad inquebrantable de los regiomontanos.

La visita de Horno III y su Centro Interactivo de Ciencia y Tecnología

La espectacular estructura del Horno III está rodeada por espléndidos jardines, y con fuentes y andadores que resultan ideales para los ciclistas y patinadores. En el Centro Interactivo de Ciencia y Tecnología las diferentes áreas están muy bien señalizadas, además de que desde un primer momento interesantes paneles informativos van dando cuenta de la importancia del acero en nuestras vidas, con datos relevantes como por ejemplo el hecho de que cada mexicano utiliza un promedio de 150 kg de acero al año, o de cómo la industria del acero está en el centro de una gran red de producción, o de que nuestro país tiene una tradición siderúrgica de más de un siglo y que esto ha sido el motor de crecimiento industrial de México, y es que gracias a ello se ha construido en gran medida el país que hoy conocemos. La primera sala, que es la que alberga la Galería de Historia, ostenta una magnífica museografía que muestra a detalle los hechos que forjaron la industria del acero en nuestro país desde el año de 1900, fotografías, documentos, herramientas, vehículos de transportación del acero líquido, e indumentaria, ilustran en una ambientación muy atractiva, los periplos del universo siderúrgico.

En una segunda sala se encuentra la Galería del Acero, aquí a través de varias exhibiciones interactivas se vive de cerca el proceso industrial del hierro y del acero, se conoce a detalle cómo funcionan los hornos con sus estufas que calientan enormes volúmenes de aire, o sobre cómo son los sofisticados sistemas de limpieza de gas, incluso de cómo trabajan los carros elevadores que cargan las materias primas y las vacían en una tolva en la parte superior del horno; no menos interesante es entender como los carros torpedo recogen el arrabio y lo llevan a la planta de aceleración. Más adelante, se conoce el porqué de la forma de los hornos que en su interior están recubiertos por ladrillos refractarios que pueden soportar los calores más intensos; de porqué el carbono le da dureza al acero; de cómo funciona una colada continua que convierte el acero líquido en formas solidas; de cómo dos metales hacen uno mejor, es decir, todo el acero contiene hierro y carbono y con solo cambiar la cantidad de carbono se pueden crear docenas de aceros diferentes; de cómo por ejemplo el acero con cromo no se oxida y es la mejor opción para instrumentos quirúrgicos; de cómo el acero con vanadio mantiene su fuerza bajo esfuerzos por eso se usa para resortes; de cómo el acero con manganeso es difícil de penetrar así que se usa para bóvedas bancarias; de cómo se obtiene de las minas el mineral de hierro; y decenas de temas más que acercan al visitante a este mundo sorprendente de la siderurgia.

Una vez recorridas las galerías del lugar, hay que vivir la divertida experiencia del show del Horno III. Desde un espacio interior perfectamente delimitado que se encuentra justo frente al horno, se lleva a cabo un sorprendente espectáculo de luz y sonido, con espléndidos efectos especiales se revive a detalle la operación del Horno III. Entre fuego, vapor y humo es narrada de forma elocuente la operación del horno, y por supuesto, la labor de los héroes anónimos que en un singular y ordenado ir y venir supervisan cuidadosamente el enorme “volcán” de acero que arroja permanentemente el “ magma “ líquido que se desliza en ríos rojos y humeantes hasta sus depósitos definitivos.

Una aventura en las alturas

Cuando se cree haberlo visto todo, viene en realidad lo mejor, es decir elabrazar con los cinco sentidos las crestas metálicas del horno que se alzan zigzagueantes y sinuosas a más de 70 metros de altura. Un elevador inclinado que transita por el antiguo sistema de alimentación del mineral, lleva al visitante hasta la cima del horno, una vez allí lo primero que llama la atención son las magníficas vistas panorámicas de la ciudad, 360 grados para ir descubriendo el horizonte regiomontano. Por los pasillos metálicos de la cima, que son en realidad atractivos y seguros andadores diseñados ex profeso para los visitantes, se van descubriendo paulatinamente los secretos de la gran estructura, es decir, las estufas, la boca del horno y los chacuacos, pero también los caprichosos conductos y cánulas de acero de impresionante extensión y anchura. Para los más avezados y aventureros existe un canopy muy bien organizado con el que se recorre el horno desde las alturas, se trata de una combinación de 3 rapeles, 6 tirolesas, y un puente colgante, una mezcla ideal para descubrir la esencia y el meollo de toda la estructura, por supuesto con la adrenalina al límite, en una experiencia que resulta, sin duda, extrema, emocionante y espectacular.

Es muy recomendable realizar la visita del Horno III al final del día, es decir, calculando estar en la cima de este cuando cae la tarde, entonces, una vez que el sol se ha puesto y las primeras luces iluminan la Ciudad de Monterrey, las vistas son estupendas, y la atmósfera en el horno es entonces muy especial, es justo cuando los serpentines metálicos adquieren formas fantasmales, casi quiméricas. Finalmente, cuando una espléndida jornada termina en el Parque Fundidora, allí arriba, en la “Torre Eiffel regiomontana”, ya solo quedan las luces de la ciudad y las estrellas de la noche, y también los recuerdos de aquellos hombres y mujeres de alma de acero que hace más de cien años vinieron aquí hacer realidad este portentoso esfuerzo, en el mismísimo corazón del abrasador desierto nuevoleonense.

Te lo contamos en video

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