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Ixtenco y su feria del maíz

A través de la historia oral y escrita se cuenta que Ixtenco es más antiguo que Huamantla y que la fiesta a San Juan Bautista se celebraría años después del lejano 8 de enero de 1532, cuando Carlos V firma la autorización para su fundación.

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Tomando la carretera Huamantla-Puebla se llega a Ixtenco, antigua comunidad otomí que ha resguardado con orgullo su lengua y sus costumbres durante más de 500 años.  Los visitantes son recibidos con la vista de la plaza central y su iglesia, ejemplo no sólo arquitectónico sino religioso, inconfundible huella de la conquista española. Ixtenco es anterior al 8 de enero de 1532, cuando Carlos V firma la autorización para su fundación; así lo demuestran asentamientos de diversas culturas, entre otras la otomí y la náhuatl. Se dice, además, que se establecieron otros pueblos, entre otros los xaltocamecas y los chalas como consecuencia del predominio azteca que conquistó territorios otomíes. Durante la Colonia tiene lugar una alianza hispano-tlaxcalteca y los viejos nativos de Ixtenco interpretan esta acción como una necesidad para dar fin a los combates de exterminio realizados por los conquistadores españoles. 

Agustín Ranchero, nativo del lugar y fiel seguidor de la tradición oral, nos dice que la orden de construir una parroquia fue acatada con posterioridad, edificándose primero la capilla de La Preciosa o de la Santa Cruz de Ixtengo, su nombre primitivo dentro del catolicismo. La capilla, actualmente dedicada al culto de la Virgen de Guadalupe, si bien es un hermoso ejemplo de la arquitectura colonial del siglo xvi, presenta también rasgos muy mexicanos. Su tamaño se encuentra en armónica proporción con el cuerpo humano y sus muros calizos son gruesos, apenas decorados con detalles en líneas rojas.   

El señor Ranchero comienza a rescatar pedazos de memoria enterrada: “Todo lo que es el valle, hasta donde alcanza la vista, era el pueblo de Ixtenco, que fue uno de los primeros del continente que le presentó vasallaje a Carlos V, quien otorgó privilegios pero también ordenó que se donara la tierra a quien llegara de otros lugares. Empezó entonces la expansión, dando origen a otros pueblos, por ejemplo, Huamantla. Después vinieron los hacendados y comenzaron a invadir los ejidos quedando los pueblos sometidos, arrancándonos así de nuestras raíces. Lo único que no hemos perdido es el idioma”. 

Al respecto del idioma, aún no se define si la raíz es de origen náhuatl u otomí. Nuestro entrevistado nos dice que a Ixtenco lo han querido “nahuatlizar” con la definición “en la orilla”, aunque los mismos náhuatl afirman que esa palabra no existe en su vocabulario. La palabra en otomí, que en un inicio era Ixtengo, significa “atole agrio que se toma en la fiesta”. Queda en la memoria también que el 24 de febrero de algunos siglos atrás, cuando se conmemoraba al santo patrón, se celebraba con una danza ritual: la del atole, representada por una mujer sentada moviendo el atole, mientras otras personas bai-laban en círculo.  No sólo las danzas sino otras costumbres se asimilan al catolicismo a la llegada de los españoles. “En la organización están nuestras costumbres y las raíces, aunque sí se encuentran dentro de la religión”, nos dice convencido el señor Ranchero. A pesar de las dificultades económicas, Ixtenco mantiene vivo el significado de una fiesta auténtica y digna de un pueblo rico en historia y costumbres.   

LA FIESTA   

La noche del 23 de junio Ixtenco se viste de fiesta para conmemorar a su santo patrón San Juan Bautista. Ese mismo día, por la mañana bajo el sol brillante, la gente se afana en los preparativos; los vendedores colocan sus puestos, los muchachos de la feria revisan las luces y los fieles adornan la iglesia, mientras que en la calle principal llama nuestra atención un grupo de personas que con ingenio intentan colocar en lo alto de la calle el adorno de bienvenida. 

La fiesta es el 24 de junio, pero dado que son nueve barrios, se llevan a cabo nueve novenarios, es decir, nueve días de anticipación festiva con serenatas en el atrio de la iglesia y misa por las mañanas. La celebración más importante es la famosa “matuma”, que son las mayordomías encargadas de dar de comer a todo el pueblo. Se visita el altar con la imagen y se come en comunidad. Las mayordomías recogen dinero para las flores y demás gastos del festejo.  Otra característica de la fiesta son las alfombras, tradición que no se sabe bien de dónde proviene, pero Ixtenco la hace original al crearlas con maíz, cultivo que los representa, y es por ello que la fiesta también es conocida como Feria del Maíz o La reina del maíz. La variedad de las alfombras es infinita: las hay con anilinas, con flores y con semillas diferentes, frijol, lenteja, haba o huesitos de fruta. Los temas también varían, pero sobresalen los decorados de flores usando siempre colores llamativos que se identifican con el ánimo festivo del campesino otomí.  Hay concursos de bandas de música y el pueblo es quien califica, gozando mucho de este momento.   

Ixtenco también es conocido por su artesanía de herencia otomí. Son famosos los preciosos bordados en pepenado, los tejidos en telar, los cuadros de semillas elaborados en piedra de cantera, así como las muñecas de hojas de maíz. Todo enmarcado por la belleza del paisaje, con sus cielos limpios y abiertos célebres por las películas de Gabriel Figueroa, gracias a los cuales el extranjero nos reconoce con la frase “México en las nubes”.  En las calles, el pueblo pre-para animadamente las alfombras y los adornos, de pronto pasa una banda de músicos y pequeñas mojigangas vestidas por señoras que bailan y sirven ron; aún es de día y la fiesta no parece cobrar la dimensión que encontraremos por la noche, cuando a las dos de la madrugada sacarán al santo de su iglesia y lo llevarán en procesión sobre las alfombras florales. A esa hora la algarabía se hace mayor; en lo alto suenan las campanas, la gente lleva una gladiola y una vela en las manos, se aglomera y de improviso se organizan en una valla de dos hileras para dejar pasar al santo. Las mujeres visten de gala otomí: sobre las blusas bordadas cuelgan lindos collares tricolores, que cubren apenas con rebozos de lana.

El pueblo se ha transformado llenándose de color. La procesión continuará hasta la mañana siguiente, las alfombras habrán cumplido su papel, y guardarán a San Juan Bautista en su altar. Por la noche del día 24 se realizan laferia, los bailes y los juegos pirotécnicos, famosos por su fantasía y considerable tamaño. Concluidos los festejos los visitantes regresarán a sus pueblos, e Ixtenco quedará ahí, un eterno rincón a los pies del volcán, guardando en su irremediable misterio lo que queda de su tradición, la fiesta y la inolvidable noche en la que nadie duerme.   

Fuente:   México desconocido No. 304 / junio 2002 

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