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Laguna de Miramar, el espíritu cristalino de la Selva Lacandona

Intérnate en la selva de Chiapas, en territorios dominados por los antiguos mayas y descubre, al pie de las montañas, esta maravilla natural ideal para vivir el ecoturismo.

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Fotógrafo especializado en deportes de aventura. ¡Ha trabajado para MD desde hace más de 10 años!


“En el cielo sembró estrellas y en la selva sembró árboles. Las raíces de todo lo viviente están unidas entre sí, cuando en la selva cae un árbol, una estrella cae del cielo”. Con esta frase inspiradora de Chankin Viejo, uno de los líderes más sabios que han tenido los lacandones, doy inicio a esta historia en uno de los últimos santuarios naturales que aún se conservan en la mítica y legendaria Selva Lacandona.

La selva debe su nombre precisamente a esta laguna en la que se localiza una antigua ciudad maya erigida en una isla llamada Lacam-Tún, que significa Peña Grande.

Los antiguos lacandones, quienes no tienen ninguna relación con los actuales, habitaron esta ciudad cuyas edificaciones datan del 300 al 900 d.C. (hoy en una isleta de la Laguna de Miramar); posteriormente los españoles castellanizaron el nombre por el de lacandón.

Centro Ecoturístico Emiliano Zapata

Para llegar a Miramar recorrí un camino de terracería que corre paralelo alrío Jataté, por lo que pasé por diversos poblados tzeltales muy tradicionales, sobre todo en su colorida vestimenta. Finalmente, después de seis horas, llegué al poblado de San Quintín, en el ejido Emiliano Zapata, donde está el Centro Ecoturístico Emiliano Zapata, ubicado en un maravilloso lugar en la confluencia de los ríos Jataté y Perlas. Es manejado por una sociedad cooperativa formada por 123 socios de la comunidad, quienes creen en el ecoturismo y se comprometen con la conservación ambiental. Desde 1999 operan este centro con el servicio de hospedaje con seis cabañas rústicas para cuatro personas, área para la instalación de hamacas, área de camping, restaurante, regaderas, baños, luz eléctrica, servicio de guías y renta de caballos. El plus es que al hospedarse uno aquí tiene la seguridad que se está ayudando directamente a las familias de la comunidad, así como a la preservación y al desarrollo sustentable de la Selva Lacandona.

Rumbo a la Laguna de Miramar

Al día siguiente, junto con mi guía Manuel, iniciamos una caminata de 5.5 km rumbo a la laguna Miramar. Me calcé unas botas de hule, ya que era tiempo de lluvias, y nos encontraríamos con lodazales en el camino. Primero cruzamos el río Perlas por un puente colgante y después seguimos un sendero que atravesaba extensos potreros.

Finalmente entramos en la Reserva de la Biosfera Montes Azules y el paisaje cambió drásticamente, los calurosos potreros dieron paso a un fresco sendero que atravesaba bajo la selva. Esta reserva fue declarada como tal el 12 de enero de 1978, cubre una extensión de 331,200 hectáreas y constituye uno de los últimos reductos de selvas tropicales lluviosas del país; junto con El Petén guatemalteco y las selvas de Belice, Campeche y Quintana Roo, forma uno de los macizos de selva húmeda tropical más importantes de América Septentrional, en términos de diversidad biológica y de regulación climática.

De pronto, estaba ahí la bellísima laguna de Miramar. Su nombre describe perfectamente el paisaje, es casi como llegar al mar Caribe por el color azul turquesa de sus aguas; en el horizonte se veía venir una canoa con dos indígenas de la comunidad de Benito Juárez, en donde están las ruinas de Lacam-Tún, era una visión perfecta.

Los guías del Centro Ecoturístico de Emiliano Zapata ofrecen dos recorridos por la laguna, cada uno con una duración de cuatro horas y se realizan en dos días, para lo cual es necesario acampar una noche (hay que llevar agua y comida para dos días).

Listo para iniciar el tan ansiado recorrido, abordamos la canoa y comenzamos a remar por este espejo de agua de 16 km cuadrados, la más grande la reserva. Remamos hasta llegar al lugar conocido como “las tres islas”, unas isletas con formaciones circulares de roca tipo travertino de color blanca y amarilla; sobre éstas se levanta una selva exuberante. Justo esta especie de roca es la que hace que el agua se observe totalmente cristalina y dependiendo de la profundidad, se van apreciando la paleta de colores, que va de los verdes al azul marino, hasta el turquesa.

Laguna de Miramar / Alfredo Martínez

Serena aventura

Después de fotografiar estas exóticas isletas, nos trasladamos remando hasta una de las orillas, en donde pudimos observar en la pared de un acantilado el Dios de los Mayas, un relieve antropomorfo labrado en la roca. Posteriormente nos dirigimos a Laguna Colorada, habitada por cocodrilos, y posteriormente seguimos un sendero a través de la selva, entre una serie de cavernas, hasta subir a El Mirador, desde donde se tiene una maravillosa panorámica de la laguna y de Montes Azules.

Mi vista volaba descubriendo este maravilloso sistema de humedales kársticos (formaciones calizas producidas por la acción erosiva del agua) rodeados de selva alta perennifolia, bosque mesófilo y de pino encino. La biodiversidad es impresionante, éste es el hogar más de 600 especies de vertebrados. Destacan los mamíferos, con ocho órdenes y 163 especies, entre las cuales se encuentran las tres de primates registradas en México, siete de las ocho especies de marsupiales y cinco de los seis felinos del país. Es el área natural protegida con mayor riqueza de especies de aves en nuestro territorio, se han registrado más de 300 y más de 340 en las zonas aledañas. Entre las que están en riesgo encontramos al tucán, el pato real, el zopilote rey, el águila elegante, el búho gorgiblanco, el águila arpía, el águila ventriblanca, los loros de cabeza azul y blanca y la guacamaya roja. También es hogar de 65 especies de peces y 84 de reptiles.

Regresamos al área de campamento con baño seco, regadera de agua de manantial y un área techada donde instalé mi hamaca con mosquitero; ahí, como en el mejor de los hoteles, pasé cómodamente la noche, en compañía de los vigilantes, tomando café y platicando historias de la vida en la selva.

Manantiales de ensueño

Disfruté de un maravilloso amanecer y después de desayunar, abordamos nuestra canoa e iniciamos el segundo recorrido remando hasta “la cueva de las tortugas”, donde, en medio del silencio y la calma, es frecuente avistar a estos quelonios. Posteriormente, navegamos hasta unas pinturas rupestres, en donde se observan unas manos pintadas de color rojo y, más adelante, bajamos de la canoa y caminamos por la selva, adentrándonos en la montaña bajo inmensos árboles que me hacía recordar las descripciones del arqueólogo Frans Blom cuando atravesaba la selva con su recua de mulas. Llegamos hasta un manantial donde nos sorprendió un grupo de monos saraguatos con sus estruendosos rugidos anunciando que la lluvia se aproximaba. De vuelta a nuestra canoa, aprovechamos para nadar un rato y regresamos al área de campamento en medio de un fuerte aguacero. Los lodazales eran casi imposibles de atravesar a pie, por lo que Manuel me prestó su caballo para finalizar este paseo por uno de los lugares más espectaculares y recónditos de la Selva Lacandona.

Agravios a la selva

Mientras caminaba, reflexionaba sobre la destrucción de la selva. De 1869 a 1920 tuvo lugar la explotación maderera llevada a cabo por las compañías madereras Bulnes Hermanos, Valenzuela, Jamet y Sastré. Durante ese tiempo se explotaron las maderas preciosas como la caoba y el cedro, las monterías tiraban las trozas de madera en los ríos Tzendales, Lacantún y La Pasión, entre muchos otros afluentes del Usumacinta y las recogían en Tenosique, Tabasco, para de ahí embarcar la madera en el Golfo de México y ser vendida en los muelles de Londres, Liverpool y Nueva York a precios de oro bajo el nombre de “madera de Tabasco”. La devastación en los últimos 60 años ha sido descomunal, después del sangriento golpe por parte de los madereros, durante la segunda mitad del siglo XX, tuvo lugar la colonización campesina. En 1950 el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización inició el “deslinde de la selva” con el objeto de nulificar los títulos expedidos durante el porfiriato, convirtiéndose este territorio en nacional, y así solucionar múltiples problemas de escasez de tierra que se venían suscitando en la región de los Altos de Chiapas y otras partes del país. Este fue un acontecimiento único en el país, ya que en menos de medio siglo, se fundaron más de medio millar de nuevos asentamientos humanos con migrantes campesinos provenientes de otras regiones de Chiapas, Michoacán, Puebla, Oaxaca y Guerrero, entre otros estados.

Toda esta población recién llegada no sabía vivir en la selva, así que hicieron lo que sabían: sembrar y meter ganado y cuando llegaron las vacas, comenzó a liquidarse el medio debido al tradicional método de tumba, roza y quema; hectáreas y hectáreas se perdieron y fueron convertidas en potreros, en donde se llega a ver una que otra ceiba solitaria en el vasto desierto verde. Hoy en día, lentamente el ecoturismo se ha convertido en una opción de subsistencia para muchas comunidades de la selva que sí saben cuidar de su entorno.

Contacto

Sociedad de Ecoturismo de Zapata, Laguna Miramar
Tel. 01 (200) 124 8880, 124 8881 y 124 8882 (preguntar por el Comité de Turismo).
www.lagunamiramar.com

Cómo llegar

Hay cuatro formas de llegar hasta la laguna:

Ruta 1: por Ocosingo/ Siguiendo un camino de terracería que pasa por los poblados San Quintín, después de 6 horas se llega a Emiliano Zapata. Si vas en transporte colectivo, tómalo a un costado del mercado de Ocosingo. El destino final es San Quintín y Emiliano Zapata (debes indicar al chofer que vas hasta Emiliano Zapata).
Los horarios de salida son: 9:00, 10:30, 12:00 y 14:00 hrs.

Ruta 2: por Las Margaritas/ Vía Comitán y Las Margaritas. En este poblado inicia el camino de terracería que pasa por varias comunidades zapatistas, la más conocida es La Realidad. Todas ellas son muy pacíficas y el recorrido es también de 6 horas. En Las Margaritas, el transporte colectivo se toma a un costado del parque central. Su destino es San Quintín, Emiliano Zapata. Los horarios de salida son: 7:00 y 9:00 hrs.

Ruta 3: por Amatitlán en lancha/ Embarca en la comunidad de Amatitlán, localizado a 3 horas de Comitán. El recorrido es de 2 horas por el río hasta llegar al Centro Ecoturístico de Emiliano Zapata. Costo: 1,000 pesos por lancha; en cada una pueden transportarse hasta ocho personas.

Ruta 4: vía aérea desde Comitán/ Toma una avioneta desde Comitán, el costo aproximado es de 3,000 pesos. Vale la pena por las vistas espectaculares de la selva y obviamente de la Laguna Miramar.

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