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Mazatlán, ciudad gemela (Sinaloa)

Hará casi medio siglo, mi abuela, ya muy anciana, hablaba con asombro de una nueva ciudad al norte de Mazatlán, pero no había tal; en realidad no era más que la primera colonia popular que se le estaba agregando al Mazatlán que ella conocía.

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Sin embargo, ahora sí acertaríamos si dijéramos lo mismo que mi abuela, puesto que el Mazatlán actual se compone de dos ciudades muy distintas: la del Centro Histórico, contenido entre Catedral, el teatro Ángela Peralta y el paseo de Olas Altas, y, separada por cinco kilómetros de playas y malecón, la nueva ciudad turística de las grandes torres, condominios, marinas y campo de golf. Tan distintas son que algunos turistas, tras una semana de tiempo compartido, regresan a su tierra sin conocer el alegre ambiente decimonónico del viejo Mazatlán.

Llamo “viejo” y no “antiguo” al Mazatlán del Centro Histórico porque esta última palabra invoca automáticamente lo prehispánico o lo colonial. Mazatlán no tiene nada de eso. No hubo asentamientos indígenas ni coloniales simplemente porque no había agua potable en esta península esporádica llamada en náhuatl “Lugar de venados”. Su identificación como asentamiento humano coincidió más o menos con la Independencia, entre 1810 y 1821. El auge comercial que más tarde le ganó su fama como “el almacén del noroeste” no comenzó sino hasta los años treinta de ese siglo, con la llegada de los primeros comerciantes europeos, en su mayoría alemanes. Los españoles llegaron hacia los añoscuarenta, después de que México y España hicieron las paces en 1839.

A partir de ese momento comenzó la gran actividad comercial marina de Mazatlán, primero sólo con Europa y las Islas Filipinas, pero en el último tercio del siglo, principalmente con San Francisco. En esa época se hicieron las grandes construcciones del Centro Histórico y se definió el estilo neoclásico tropical que caracteriza a nuestra arquitectura, un neoclásico menos estirado que el de las ciudades del interior y más abierto al aire y a la alegría.

Por su parte, la ciudad nueva, conocida como la “Zona Dorada”, es hija de la Segunda Guerra Mundial y del frenético crecimiento que vivió el turismo internacional gracias a los adelantos aeronáuticos y a la prosperidad generada por las nuevas industrias tecnológicas desarrolladas por las necesidades bélicas.

El resultado inmediato fue la creación y proliferación de hoteles exclusivamente turísticos y, de preferencia, a la orilla del mar. Así comenzó el Hotel Playa, que fue el primero, en la playa de Las Gaviotas, a seis kilómetros de donde terminaba entonces el Mazatlán viejo. Ese hotel sigue prosperando junto con la multitud de émulos más recientes, así como los fraccionamientos residenciales exclusivos que atraen no sólo a los extranjeros sino también a mazatlecos que buscan las comodidades y la seguridad de los modernos desarrollos.

Este crecimiento, sin embargo, en cierto momento amenazó de muerte al viejo Mazatlán. Primero lenta, luego violentamente, lo vació de población y de servicios como cines, consultorios y bufetes legales, dejando sólo el casco viejo de la ciudad. Para 1970, lo que es ahora el Centro Histórico se había convertido en zona de desastre, con manzanas enteras abandonadas. En 1975 el ciclón Olivia le arrancó el techo al teatro Ángela Peralta, que pronto quedó convertido en una jungla presidida por un gigantesco ficus en el foro.

Así de polarizado estaba Mazatlán cuando un grupo de entusiastas sinaloenses iniciaron la reconstrucción del Centro Histórico hasta convertirlo en lo que es hoy: un atractivo irresistible para los turistas que abarrotan el teatro y los restaurantes del área. Por eso la singularidad incuestionable de Mazatlán consiste en ser el único destino de playa en todo México que tiene un Centro Histórico con vida propia y continua desde su fundación. Eso vale.

Pulmonías: un transporte peculiar

Antiguamente y hasta hace pocos años, en Mazatlán se usaban para el transporte de pasajeros unas calandrias jaladas por animales de tiro; actualmente éstas han sido sustituidas por las simpáticas pulmonías, que son pequeños coches abiertos por los lados.

Fuente: Tips de Aeroméxico No. 15 Sinaloa / primavera 2000

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