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Los lugares más sorprendentes de la Reserva de la Biósfera El Cielo en Tamaulipas

Conoce la magia de la Reserva de la Biósfera El Cielo en Tamaulipas. Te llevamos a recorrer algunos de los lugares más sorprendentes de esta zona declarada Sitio Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

14-05-2019, 9:00:01 AM
Los lugares más sorprendentes de la Reserva de la Biósfera El Cielo en Tamaulipas
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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.

La magia que ofrece la naturaleza tamaulipeca se disfruta en la Reserva de la Biósfera El Cielo, una región del estado que ha sido incluida en la lista de sitios Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO debido a su rica biodiversidad.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Reserva de la Biósfera El Cielo

Conjuga las dos grandes ecorregiones más importantes del continente americano: la neotropica y la neártica, zonas donde habitan plantas y animales de clima cálido y de clima templado. La conforman más 144 mil hectáreas que incluyen parte de la geografía de la Sierra Madre Oriental, con elevaciones que van desde los 200 hasta los 2,200 metros sobre el nivel del mar, comprendiendo parte de los territorios de los municipios tamaulipecos de Gómez Farías, Llera, Jaumave y Ocampo.

Fotografía: Paulo César Jiménez

La región es muy abrupta y cuenta con una gran variedad de paisajes y espacios que han permanecido intactos por miles de años. Por ejemplo, en tan solo 21 kilómetros en línea recta conviven cuatro ecosistemas, que van de la selva tropical y semidesierto, a bosques templados húmedos de niebla y bosques templados de pino, pasando por una serie de microclimas. Pero el corredor abierto al turista que desee explorar El Cielo parte de Gómez Farías, la cabecera municipal, 20 kilómetros montaña arriba. Llegar implica tomar un camino de terracería, para lo cual hay que contratar un transporte 4×4 en la población. El trayecto es de un tiempo estimado de dos horas para llegar hasta San José, la base de operaciones para pernoctar y en donde se hallan los atractivos turísticos principales: la piedra El Elefante, las grutas de La Cueva y el Valle los Viveros, todos conformados por hermosos paisajes que parecen salidos de un cuento de hadas.

Cómo llegar:

Hay que partir de Gómez Farías por un camino de terracería, que conforma el corredor turístico de bajo impacto, hasta el poblado San José, a más de 17 kilómetros de distancia.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Alta Cima y los sabores del campo

Es la primer comunidad en donde hay que realizar una escala para conocer la vida de las familias que habitan esta región. Llegaron aquí hace algunas décadas, cuando las compañías madereras aún realizaban la tala de árboles de maderas preciosas y antes de que el territorio fuera decretado Reserva de la Biósfera, en 1985. Sin embargo, las personas que a Alta Cima llegaron de otros estados de la República decidieron quedarse para acceder a una anhelada calidad de vida, intercambiando el arduo trabajo de los aserraderos por el de la conservación de la naturaleza, la recolección de frutos y el servicio a los visitantes.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Esto se comprueba en media docena de pequeñas abarroteras y cabañitas que ofrecen café caliente, galletas horneadas con leña, artesanía textil con bellos bordados y la elaboración de mermeladas, compotas, conservas y licores hechos con los frutos que recolectan diariamente en los alrededores, como duraznos, uva de monte y zarzamoras. Es recomendable tomar un café de olla, disfrutar de los panes hechos en casa y platicar con los habitantes de Alta Cima para conocer su envidiable estilo de vida antes de continuar el camino.

Cómo llegar:

Está a 11 kilómetros de Gómez Farías, por el mismo camino de terracería que conduce a San José.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Valle del Ovni

Después de haber ascendido a la montaña y cruzado una serie de
ecosistemas, se llega a Rancho Viejo, también conocido como Valle del Ovni. El nombre se debe a la anécdota vivida por un grupo de biólogos, quienes acampaban con frecuencia en esta reserva. En una ocasión―según cuentan los pobladores―estos visitantes fueron sorprendidos durante varias noches con la aparición de una docena de luces en el cielo, las cuales se desplazaban de un lado a otro como si se trataran de aeronaves tripuladas. La historia se transmitió de boca en boca hasta que los oriundos y los exploradores optaron por rebautizar la zona con el nombre de Valle del Ovni.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Este lugar es bello y misterioso, y se localiza en un pequeño valle que está rodeado por bosque de niebla. También es un sitio muy solicitado por los “cazadores de estrellas” quienes aprovechan la gran claridad y visibilidad que ofrece su cielo. Es un espacio que permite disfrutar de sorprendentes vistas de la vía láctea y de los satélites que exploran el espacio, algo difícil de lograr en otras latitudes. El Valle del Ovni le confiere un halo de misticismo a la expedición tamaulipeca. Aquí se puede pernoctar en sitios como salidos de una postal rural, con cabañitas de madera rodeadas de longevos y hermosos árboles: un paisaje perfecto para estar en comunión con el cosmos y la naturaleza.

Cómo llegar:

Se localiza a 2 kilómetros de San José.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Noches en San José

Esta ranchería es la más frecuentada por quienes suben a la reserva. Es el centro de operaciones para los exploradores que se internan en la montaña y también es la población más completa en cuanto a servicios turísticos se refiere. Aquí hay más de una docena de cabañas en renta para el descanso de los visitantes, así como algunas tienditas y puestos de artesanías. Hay hogares que abren sus cocinas para atender a los excursionistas y también para compartir el servicio a los guías turísticos que conocen la montaña a fondo. La importancia de este sitio alejado de la civilización se debe a su pasado industrial. Fue una zona maderera desde la década de los 50 hasta los 80, época en la que fue declarada Reserva de la Biósfera, restringiéndose esta actividad el 13 de julio de 1985. Por ello San José tuvo todo y más de lo que una pequeña ciudad de trabajadores necesitaba; era el centro neurálgico y era visitado por gente que llegaba de todas partes de México.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Los lugareños afirman que había tienda de raya, bares y hasta un cine, pero al ser declarada región vedada para los taladores, todo fue abandonado por la mayoría de los colaboradores, por ello es muy común observar restos de camiones antiguos que fueron utilizados en la explotación maderera y ahora lucen como una especie de esculturas modernas o simples objetos de ornato. Pero San José nunca estuvo completamente solo: este pueblo comunicado con la ciudad de Gómez Farías nunca dejó de tener visitas, solo que los que ahora llegan son viajeros que desean ver la magnificencia de la naturaleza, y por ello es uno de los últimos poblados de este corredor turístico que permite la entrada a todo tipo de visitantes, pues hay que recordar que la Reserva de la Biósfera El Cielo es uno de los pulmones del planeta y que en muchas de sus zonas únicamente recibe la visita de investigadores especializados en la biodiversidad.

Cómo llegar:

Es uno de los últimos poblados accesibles para el turismo, ubicado a 17 kilómetros de Gómez Farías.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Piedra El Elefante

Cerca de San José y sobre un sendero de terracería se halla una de las atracciones turísticas más populares de la Reserva de la Biósfera El Cielo, la piedra El Elefante. Para llegar es necesario cruzar La Gloria, una pequeña ranchería compuesta por menos de seis viviendas de madera, todas rodeadas por encinos cargados de magnolias tamaulipecas (especie endémica), de intenso color rojo y perfectas para inmortalizarlas en algunas tomas fotográficas. Más adelante, sobre el mismo camino se pueden ver diversos tipos de vegetación de bosque de niebla, pero kilómetros más adelante aparecen añejos pinos y encinos mientras se cruzan serpenteantes veredas, siempre flanqueadas por espesa vegetación y riachuelos que bajan de la montaña hasta fundirse con otros ríos que alimentan al Támesis antes de llegar al Golfo de México.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Durante el trayecto también se puede conocer un elemento que funciona como sustento para lagunas de las familias que viven en la montaña. Se trata de la palmilla, una de las plantas silvestres que son recolectadas a mano por grupos de jornaleros que las venden a fábricas de pintura; incluso algunos afirman que con esta tinta natural colorean el papel con el que fabrican el dólar americano. Sobre ese camino, continuar hasta un paraje que ha sido marcado con señalética turística que confirma haber llegado a la piedra El Elefante. Se comprueba al divisar un claro en donde hace millones de años emergió de la tierra esta gigantesca roca que, con el transcurrir de las estaciones, la erosión, el viento y los distintos movimientos tectónicos, dieron forma de este fantástico paquidermo, el mamífero cuadrúpedo más grande de la tierra y que hoy atrae a viajeros de todo el mundo.

Cómo llegar:

Está a 10 kilómetros de San José y se ubica en el camino rural de terracería que comunica a San José con la ranchería La Gloria.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Grutas y cascadas

Hay dos atracciones cercanas al poblado de San José a las que se debe llegar a pie. Son espacios construidos por la naturaleza y que puede disfrutar toda la familia, solo hay que mentalizarse e inyectarle energía a una caminata de dos o tres horas cuesta arriba. La primera es la Cueva del Agua, una de las tantas grutas que conforman los diversos sistemas cavernarios que se encuentran en las más de 144 mil hectáreas de extensión de la reserva. Esta es, quizás, la caverna más visitada de El Cielo; se localiza a solo 40 minutos montaña arriba y el trayecto se caracteriza por estar plagado de pasadizos naturales de apariencia surrealista que cruzan peñas, verdosos cañones tapizados de musgo, rocas con formaciones fantásticas y árboles milenarios habitados por un gran porcentaje de las 430 especies de aves que aquí anidan. Allí, donde parece que se ha acabado el camino, comienza a sobresalir un socavón natural que simula devorar todo lo que está a su alrededor.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Es una cámara de más de 70 metros de altura que completa una hermosa bóveda que aloja miles de estalactitas y estalagmitas, todas visibles desde un mirador equipado con una tarima de madera en donde caben hasta diez personas cómodamente. La cueva es segura para toda la familia pues ha sido proveída de escalones y barandales para facilitar la exploración. Sus más de 50 escalones permiten descender a la plancha de la cámara, en donde se hallan dos gigantescas estalagmitas que, con el depósito de minerales y la precipitación natural de millones de años, han dado forma a dos estructuras que se asemejan a una gigantesca calavera de más de 6 metros de altura. La caverna forma parte de un sistema kárstico que permite la filtración del agua de lluvia, captada en lo alto de Sierra Madre Oriental, formándose así lagunas y ríos internos, explorados solamente por espeleólogos y expertos en el manejo de equipo y técnicas especiales, todos ellos atraídos por la fauna troglodita, caracterizada por la falta de ojos y pigmentación, como los peces ciegos.

Cómo llegar:

Hay que contratar a un guía en San José. No es recomendable explorar la montaña por propia cuenta, pues hay un gran número de veredas que pueden confundir al explorador.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Valle Los Viveros

Muy cerca de las cabañas de San José se ubica este bello paraje que ha sido inspiración de muchos viajeros; es un paso que se extiende entre montañas, con pastizales naturales que simulan una campiña de cuento de hadas y al que se llega mediante una relajante paseo. Este fue frecuentado por el explorador Frank Harrison, uno de los primeros pobladores de la montaña que llegó aquí por desamor. Harrison, que también fue de los primeros promotores de la naturaleza tamaulipeca y cultivador de orquídeas, pronto invitó a científicos de otros países para estudiar la biodiversidad de El Cielo, antes de que esta fuera declarada reserva protegida. Al estar aquí es fácil imaginar lo que sentían estos biólogos y naturalistas al admirar y sentir la belleza de este sitio, que se complementa con las cascadas Bellas Fuentes y la Poza Azul de San José, dos lugares que se forman con las aguas que bajan de la cima de las montañas.

Fotografía: Paulo César Jiménez

Además, la extensión de la planicie contrasta con el denso bosque de niebla que se despliega cuesta arriba. Para llegar a las cascadas y la poza hay que hacerlo a través de senderos bien delimitados, empleando puentes de madera que funcionan como miradores hacia el estrambótico verdor que cubre toda la superficie de esta área natural. El sitio se ha vuelto el favorito de campistas y excursionistas, quienes finalizan aquí su recorrido por la reserva. Es perfecto para un día de picnic o para gozar una noche estrellada al calor de una fogata.

Cómo llegar:

Está a poco más de 500 metros de San José, por el camino al sur llamado Camino a los Valles.

Fotografía: Paulo César Jiménez

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