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Navidad a la mexicana

Por: Paola Núnez

Más allá de los típicos adornos enmarcados con luces centellantes, la cena de gala y la atmósfera cálida y fraterna, la Navidad a lo largo de la República Mexicana se festeja con matices de nuestra esencia.

Estas celebraciones son un ejemplo más que refleja el sincretismo cultural que posee el territorio mexicano, donde a pesar de que el aniversario del nacimiento de Jesucristo sea homenajeado a nivel mundial, en México adquiere su propia personalidad, por lo que aquí nos asomamos a algunos estados.

Michoacán, sincretismo de creencias


Después de la conquista española y las enseñanzas de Vasco de Quiroga, el primer Obispo de Michoacán, la Navidad ha resultado una fusión de la cultura purépecha con la ibérica. Entre las tradiciones ancestrales que sobreviven hasta nuestros días en los poblados pertenecientes a Michoacán, se encuentra la fiesta de Takari, realizada en Tarímbaro, en la cual se efectúa una danza por diversas calles del pueblo, al tiempo que se recoge heno para elaborar el lecho del Niño Dios. Las figuras del nacimiento se manufacturan de forma artesanal. Las imágenes en ciertas regiones son de madera tallada o cera, sobre todo las procedentes de Morelia y Jacona. Las de materiales textiles se elaboran en San Lorenzo Purenchécuaro, mientras que las de hoja de maíz y fibras vegetales, son propias de las zonas lacustres de Pátzcuaro y Zirahuén.

En las representaciones del nacimiento, la Virgen, San José y el Niño, se engalanan con ornamentos de las distintas etnias y se rodean por figuras que refieren danzas típicas michoacanas, como “los Moros” o “los viejitos”, mujeres indígenas moliendo en metates, o pescadores con las tradicionales redes de mariposa. Otros ritos tienen lugar en Quinceo, un poblado de Paracho, cerca de Uruapan, donde se lleva a cabo la fiesta Uarokua, en la que se representa el momento en el que se corta el cordón umbilical al Niño Dios. Existen otras prácticas que se consuman en todo el territorio michoacano, como la de colocar una estrella en la punta de un poste y encenderla para dar señal de que en ese lugar se celebra una fiesta. También hay personas que durante la temporada navideña toman cargos especiales como los huanánchechas, quienes son los responsables de mantener las tradiciones vivas; y las “encendedoras”, un grupo de mujeres que se comprometen al cuidado de las velas en las iglesias. Por su parte, los “danzantes” son quienes se encargan del folclor musical en estas festividades. Destacan “los kúrpites” en San Juan Nuevo, cerca de Uruapan; “las huapanas” en Ihuatzio, próximo al Lago de Pátzcuaro; y “los turicha”, en Quiroga. Con danzas que conjugan elementos indígenas y católicos, ritos que celebran el origen del Niño Dios ataviado en vestimenta étnica o nacimientos en los que se incluyen escenas del acontecer diario de los diversos poblados de Michoacán, la Navidad es una temporada para celebrar de forma tradicional.

Entre ramas y despedidas por Yucatán y Veracruz


Ciertos estados de la República comparten tradiciones como las ramas, una celebración protagonizada por los pequeños, versión infantil de las posadas. Los niños preparan una cajita decorada en la que colocan una imagen de la Virgen María o la del Niño Dios, que iluminan con una pequeña vela, y una rama de areka o limonaria, adornada con globos, juguetitos y motivos navideños. Con los altares ambulantes en mano, pasean por las calles coreando cánticos navideños en busca de dulces o dinero, que demandan bajo el nombre de “aguinaldo” (bolsitas con colación de temporada como cacahuates, naranjas, cañas y tejocotes).

En el caso de la Península de Yucatán, esta tradición comienza antes del primer día de posadas, el 16 de diciembre. El grupo de niños con ramas adornadas según su imaginación, cantan tocando las puertas de casa en casa. Los versos del cántico comienzan con la siguiente estrofa: “Naranjas, limas y limones /más linda la Virgen que todas las flores /En un portalito de cal y de arena nació Jesucristo por la Nochebuena” y finaliza con la tradicional petición: Si no me dan mi aguinaldo/ mi aguinaldo ya la pagarán con Dios”.

Algunas rimas adicionales se cantan según la respuesta que hayan recibido en cada casa: “Muy agradecida porque en esta casa fue bien recibida. Pasen buenas noches, así les deseamos... “, o si no corren con suerte: “Ya se va la rama muy desconsolada porque en esta casa no le dieron nada…”.

Otras de las tradiciones de Yucatán es que el último día del año las familias crean un muñeco vestido y disfrazado de anciano que representa el año viejo. Lo dejan reposando en la puerta de la casa hasta que suenan las doce campanadas, hora en que salen a quemarlo, despidiendo al año que se va. En Veracruz la celebración de las ramas es casi idéntica, pero a ella se le complementa con otra tradición muy parecida, con cántico y finalidad diferentes, que se realiza cerca del fin de año. Los niños se disfrazan de ancianos con barba blanca y bastón, y encorvados corean un cántico llamado El Viejo buscando representar el año que termina.

Tepotzotlán, y sus pastorelas

Celebrar la temporada navideña gozando de las representaciones del nacimiento de Cristo en Tepotzotlán, Estado de México, se ha convertido en toda una tradición nacional e incluso internacional. En estas pastorelas se conjugan los elementos de la Navidad con los de las fiestas mexicanas, las tradiciones indígenas de nuestro pueblo con la influencia española. Año con año, desde 1964 se llevan a cabo estas representaciones teatrales donde participan alrededor de 150 personas, tomando como marco el Ex convento Jesuita de Tepotzotlán. En el escenario se despliega la alegría de la banda, el mariachi y el canto popular mexicano. Los fuegos artificiales iluminan el patio conventual y el pícaro sentido del humor mexicano, combinado con la poesía y la reflexión humanista del tema bíblico, se apodera de la atención de los asistentes. Las frías noches de invierno se tornan cálidas con el sabor del ponche, los tamales, el atole y los buñuelos, que se ofrecen al tiempo que se disfruta de esta representación.

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