El convento de Santo Domingo, un bello recinto del centro histórico que desapareció
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El Convento de Santo Domingo albergó a los frailes dominicos en la Ciudad de México desde 1527 hasta su desamortización en el siglo XIX.
Muchos conocemos el Templo de Santo Domingo (coloquialmente conocido como la Iglesia de Santo Domingo), ubicado en la famosa plaza homónima del centro histórico de la Ciudad de México. Sin embargo, realmente poco se sabe que este recinto en realidad formó parte de un conjunto religioso de la orden dominica. Se trata del Convento de Santo Domingo el cual, al igual que el Convento Grande de San Francisco, desapareció tras su desamortización en el siglo XIX.

Fundación del Convento de Santo Domingo
Tras arribar a la Ciudad de México en 1526, la orden dominica se alojó con sus hermanos franciscanos. Después, Hernán Cortés les otorgó unos terrenos desocupados de la urbe, en los cuales alguna vez estuvo la residencia del último tlatoani de Mexico-Tenochtitlan, Cuauhtémoc. Dicho palacio quedó destruido en el sitio de la capital mexica. Allí fundaron en 1527 el Convento de Santo Domingo.
El edificio quedó terminado en el año 1530. Sin embargo, en poco tiempo quedó muy dañado por las constantes inundaciones que sufría la capital de la Nueva España. Por ello se reconstruyó entre 1556 y 1571. Finalmente, después de otros trabajos constructivos, en el siglo XVIII se decidió renovar todo el conjunto conventual. Para ello, los arquitectos Pedro de Arrieta y Miguel Custodio Durán fueron comisionados para el trabajo. Las obras se llevaron a cabo entre 1720 y 1736. De esta manera el convento y el templo tomaron su aspecto definitivo. El fastuoso estilo barroco de cantera rosa y revestimientos de tezontle del conjunto deslumbraron a propios y extraños.

Ubicación y aspecto del convento
El Convento de Santo Domingo se localizó en el cuadrante que comprende el templo, la calle Leandro Valle y la Plaza 23 de Mayo. Fue sin más, durante siglos, el segundo conjunto conventual más grande de la Ciudad de México, solo después del Convento Grande de San Francisco.
De acuerdo a las crónicas, el convento tenía un marcado estilo barroco italiano. Poseía un patio central flanqueado por cuatro arcadas, sobre las cuales estaban las celdas de los religiosos. Las paredes del claustro estaban cubiertas por una colección de lienzos, los cuales fueron obra del famoso pintor novohispano Miguel Cabrera. Las pinturas representaban pasajes de la vida de Santo Domingo. Además, formaba parte del conjunto la Capilla de la Virgen del Rosario, famosa por ser considerada la más bella de la Nueva España gracias a su magnífico atrio.

Exclaustración y fin del convento
Sin embargo, los avatares políticos de México en el siglo XIX marcaron el fin del famoso edificio. Tal como dispusieron las Leyes de Reforma y la Constitución de 1857, se desamortizaron y expropiaron diversos bienes inmuebles de la iglesia católica. Como consecuencia, el Convento de Santo Domingo fue derribado junto a la Capilla del Rosario en el año de 1861.
Con ello, se puso punto final a la historia del famoso convento. Antonio García Cubas, historiador mexicano que vivió en el siglo XIX, siempre lamentó la desaparición de este lugar por todo el patrimonio histórico, artístico y religioso que desapareció.

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