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Los altares callejeros en México, espacios de fe que pasan desapercibidos

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¿Quiénes los ponen y cuidan? Los altares callejeros son parte de la cultura de los barrios mexicanos. Son públicos, aunque su historia muchas veces es privada.

México es un país con una religiosidad muy especial. Más allá de la devoción y el sincretismo, su sentir es predominantemente popular. Desde el horizonte de las personas que trabajan día a día, lo sagrado los acompaña y colma los entornos donde transitan o laboran. Por ello, los altares callejeros son una forma en que se resignifica el espacio público. Barrios y colonias erigen estos santuarios urbanos para poder pedir protección y bendiciones.

Origen de los altares callejeros

Diversas investigaciones arqueológicas han logrado documentar la existencia de pequeños altares y adoratorios en los espacios públicos de diversas ciudades de los pueblos prehispánicos de México. En Teotihuacan, barrios enteros tenían, tanto dentro de los hogares como en los patios de viviendas comunitarias, estructuras que cumplían con este propósito. También en la capital mexica, Mexico-Tenochtitlan, había pequeños adoratorios en calles y espacios abiertos.

Más tarde, dicha costumbre mesoamericana logró perdurar y sincretizarse con los altares urbanos europeos, los cuales existían desde la antigüedad greco-romana y la Edad Media cristiana. En los callejones y plazuelas de la Nueva España era común encontrarlos. Por si fuera poco, se integraron a la arquitectura barroca a través del elemento de las hornacinas de casonas, conventos y palacios.

Hornacina
Las hornacinas virreinales son una forma de altar integrado al exterior de una construcción. © Wikipedia.

Altares callejeros: el espacio público es espacio sagrado

Aún con la secularización del Estado mexicano durante la Reforma en el siglo XIX y la Revolución Mexicana en el XX, los altares callejeros han logrado no solo sobrevivir, sino existir con plenitud en la actualidad. Su proliferación responde, inevitablemente, a la coyuntura de nuestro presente. Ante la incertidumbre, barrios y colonias golpeadas por crisis económicas construyeron estos altares para acogerse a la protección de un santo o una advocación mariana.

Es así que la función primordial de los altares callejeros es sacralizar el espacio público de las ciudades. Con ello, se pide a lo sagrado protección en el día a día, en los recorridos al laburo o ante diferentes carencias. Los santos abogan, a pie de calle, por los vecinos de cierta colonia. Interceden para evitar los desastres, la inseguridad, o para encontrar trabajo, pareja, y establecer un bienestar sostenido. También estos pequeños santuarios marcan la fidelidad de una comunidad a una figura religiosa específica. A través de ella se estable una identidad colectiva y común, en la cual señalan sus costumbres, historia y oficios. Por si fuera poco, los altares callejeros también han dado cuenta de la evolución de las creencias religiosas de los mexicanos. Y es que además del cristianismo católico, muchas de estas estructuras también ya están dedicadas a figuras como la Santa Muerte o los antiguos dioses mesoamericanos.

La dinámica de los altares

Los altares callejeros, a diferencia de los altares de parroquias y otros templos, son patrimonio popular. Están abiertos siempre, ya que se encuentran en el espacio público, un espacio gratuito por antonomasia. Generalmente son construidos por los vecinos de una calle, un barrio o una colonia entera. No obstante, en otras ocasiones son erigidos por particulares como una donación para la comunidad, ya que están cumpliendo alguna manda. Asociaciones de comerciantes informales, tianguistas, taxistas, mecánicos y choferes de transporte público también montan y cuidan este tipo de altares en sus zonas de trabajo. Otros altares urbanos son construidos a instancias de las familias personas fallecidas, por diferentes circunstancias, en esos puntos del espacio público.

Rodrigo Osegueda

Estos monumentos religiosos usualmente están protegidos por vidrios o rejas. Dentro de ellos está la efigie, por ejemplo, de la Virgen de Guadalupe, San Judas Tadeo, el Sagrado Corazón de Jesús y hasta la Santa Muerte. Generalmente estas figuras devocionales están asociadas a los estratos populares de la sociedad. Los altares tienen nichos para depositar flores y hasta donaciones monetarias. Se les adorna con series de luces, papel picado y otros elementos. Por supuesto, también se les suele dejar veladoras, fotografías, estampas religiosas o peticiones escritas. Finalmente, no sobra comentar que inclusive estas pequeñas estructuras dan cobijo a personas en situación de calle, quienes inclusive pernoctan junto a ellas.

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autor Poeta y ensayista. Historiador de formación. México es sus misterios.