La infancia de Emilio «El Indio» Fernández: una insólita vida entre fusiles y caballos
La infancia del afamado cineasta Emilio "El Indio" Fernández fue todo menos convencional. Creció en medio de la Revolución Mexicana.
La Revolución Mexicana tuvo, como todo conflicto armado, momentos desgarradores. Tal vez uno de los más impactantes fue la participación activa de las infancias en los combates. Ya fuera como reclutas forzados por la leva o como hijos de las soldaderas, los pequeños tomaron el fusil. Por ello resalta el caso de la infancia de Emilio «El Indio Fernández», uno de los máximos directores del cine mexicano. Y es que el cineasta y actor siempre rememoró con nostalgia el hecho de haber participado junto a su padre, aún siendo un pequeño, en varias batallas de aquella conflagración.

La infancia de Emilio «El Indio» Fernández
Emilio Fernández Romo nació en Mineral del Hondo, Coahuila, el 26 de marzo de 1904. Fue hijo de Emilio Fernández Garza y de Sara Romo, una indígena kikapú. Originalmente, su padre fue minero. No obstante, al estallar la Revolución Mexicana el 20 de noviembre de 1910, tomó las armas junto a varios familiares. Poco después su hijo, el pequeño Emilio, lo siguió en «la bola». Es así que el futuro director de cine pronto se familiarizó con el trajín de la lucha armada.
Precisamente por ello, aprendió a montar y a manejar el fusil. Aunque procuraban que se educara, su asistencia a la escuela fue muy irregular. El hecho de marchar de ciudad en ciudad, dado el movimiento de la tropa, hizo que Emilio asistiera por lapsos breves a las instituciones educativas. Muy pronto su padre alcanzó el rango de coronel. En un principio, toda la familia era militante del carrancismo. No obstante, un disgusto entre él y su progenitor lo hizo pasarse junto a un tío a las filas de la División del Norte. Gracias a esto, conoció en persona Francisco «Pancho» Villa y a Felipe Ángeles.

El fin de un estilo de vida
Conforme transcurrió la Revolución y la situación del país se fue tranquilizando, Emilio «El Indio» Fernández pudo dedicarse a lo que se había convertido en su vida: la guerra. Por ello ingresó al Colegio Militar, donde alcanzó el grado de Capitán Primero de Caballería entre los 19 y 20 años. Hacia el año de 1923, ingresó la Escuela Militar de Aeronáutica, de la cual fue cadete durante un tiempo.
Sin embargo, en el ejército, el futuro cineasta terminó bajo las órdenes de Adolfo de la Huerta. Por ello, el 3 de enero de 1924, Emilio formó parte de la rebelión delahuertista en contra del gobierno del general Álvaro Obregón. El alzamiento acabaría en un rotundo fracaso, por lo que tuvo que huir de México y exiliarse en Estados Unidos. Solo el armisticio de la presidencia de Lázaro Cárdenas le permitiría volver al país en 1934.

Una infancia poco convencional
En diversas entrevistas, era claro que el director mexicano recordaba con cariño y nostalgia su poco convencional infancia. Aunque pueda parecernos extraño, sobre todo teniendo en cuenta la cruel naturaleza de la guerra, para «El Indio» Fernández todo aquello significaba una sola cosa: libertad. También por esta razón, el carácter del cineasta fue intempestivo y violento. Se habituó a batallar, ya sea con un fusil o una cámara.
Finalmente, buena parte de lo que vivió y experimentó en su infancia revolucionaria, lo plasmó en sus más grandes películas sobre esta etapa de la historia de México. En ese sentido, existe una buena dosis de verosimilitud histórica en sus largometrajes sobre este movimiento social armado. Como grandes ejemplos están los filmes Flor silvestre (1943) y Enamorada (1946).

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