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Francisco Villa, un personaje legendario de la Revolución

Por: Margarita Sepúlveda

En el escenario de la Revolución Mexicana, Francisco Villa resulta uno de los personajes más importantes y polémicos. Su personalidad ha sido tema inspirador de novelas, obras de teatro, películas e infinidad de corridos y canciones. Aquí te presentamos su biografía.

Nacido en Durango en 1878, desde muy joven se vio obligado a huir a la sierra, perseguido por la justicia. Hay varias versiones en cuanto a los motivos que tuvo para ocultarse y cambiar su nombre original, el de Doroteo Arango, por el de Francisco Villa. Algunos de sus biógrafos lo atribuyen al hecho de haber dado muerte a un hombre para vengar el honor de su hermana; otros, al de haber herido de un balazo al dueño de la hacienda de Gogojito, en donde trabajaba como aparcero, pero en lo que todos coinciden es en que desde entonces hasta su incorporación al movimiento de la Revolución en 1910 para apoyar a Madero, anduvo como forajido en las montañas de Durango, viviendo del fruto de sus asaltos y del robo de ganado. Según el mismo Francisco Villa en sus memorias, procuraba robar a los ricos, y en algunas ocasiones repartía lo obtenido entre los pobres.

Tras el asesinato de Madero en 1913, Francisco Villa se unió a Venustiano Carranza con el objetivo de derrocar al usurpador de la presidencia, Victoriano Huerta. Por su audacia y valor, los jefes revolucionarios de Chihuahua, Coahuila y Durango lo nombraron general en jefe de la famosa División del Norte, que avanzó incontenible hacia el centro del país hasta llegar a la capital para derrocar a Huerta.

Pacificado el país, no tardaron en surgir múltiples desavenencias entre el poderoso grupo de sonorenses encabezado por Carranza y el “Centauro del Norte”, como se le conocía a Francisco Villa, por lo que nuevamente éste se levantó en armas, desconociendo al gobierno constitucionalista de Carranza y proclamando el suyo propio.

Francisco Villa buscó entonces el apoyo de los Estados Unidos, pero al no obtenerlo invadió la fronteriza población de Columbus, donde cometió una serie de desmanes, provocando con ello la persecución por parte del ejército norteamericano, aunque nunca lo pudieron atrapar.

A la muerte de Carranza, amnistiado por el presidente Adolfo de la Huerta, Francisco Villa se retiró pacíficamente a la hacienda de Canutillo, en Durango, que el gobierno le donó para compensar sus servicios a la Revolución.

El 20 de julio de 1923 el popular caudillo, calificado simultáneamente como héroe y como villano, fue víctima de una celada. Viajando en automóvil en compañía de sus lugartenientes hacia Parral, Chihuahua, Francisco Villa fue asesinado en una emboscada que le tendieron algunos de los múltiples enemigos que este personaje cosechó a lo largo de su azarosa vida.

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